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Estrategias para el fomento a la lectura infantil

Ya muchos de nosotros conocemos sobre la importancia de la lectura en los niños, y sobre los buenos resultados que se obtienen con esta actividad que es una de las formas más sencillas de conocer el mundo, de cuestionarnos acerca de lo que pensamos y de lo que sabemos. Sin embargo ¿cómo acercar a nuestros niños a los libros, creándoles este buen hábito que puede cambiarles en mucho su modo de percibir la realidad? Recordemos que iniciar al niño en el mundo de la lectura también es contribuir a fomentar su curiosidad, motivándolo a la investigación a través de una percepción mucho más abierta de la vida.



La primera década de vida es el momento justo para que los niños empiecen a adquirir el hábito de la lectura, pues es en estos años en los que, además de aprender a leer, comienzan a adquirir conocimientos y a desarrollar su carácter e intereses.

El núcleo familiar es básico a la hora de leer, ya que siempre hay momentos en los que padres e hijos pueden reunirse en torno a un buen libro.

Por esto aquí damos a conocer algunos de los consejos recomendados por expertos para acercar a los niños a los la lectura:

1. Escuche siempre que el niño hable y muestre interés por establecer un diálogo que haga referencia a un libro.

2. Lea en voz alta con excelente pronunciación, recuerde que el niño aprende imitando.

3. Observe las imágenes de los libros y las revistas; pídale que interprete.

5. Elija antes de empezar la lectura un sitio especial, agradable y cómodo.

6. Si usted no ha encontrado el verdadero placer al leer, es casi imposible contagiar al niño de la importancia de la lectura.

7. Si usted tiene hábitos de lectura empiece por comentar al niño sus propias lecturas para provocar asombro y curiosidad en el menor.

8. Respete los intereses particulares del niño y explore cuáles son los temas que lo entusiasman y lo motivan.

9. Utilice libros y escritos con lenguaje claro, sencillo y que no contengan frases o palabras de difícil asimilación en cuanto a su significado y contexto.

10. Visite bibliotecas, librerías y ferias de libros con el niño. Permita que él aprenda a jugar con los textos.

11. Organice un lugar único o rincón de libros para ser utilizado por el niño.

12. Prémielo por cuidar o mirar los libros y cuando éstos se dañen intente arreglarlos con él.

13. Siempre que desarrolle el ejercicio de leer con el niño, procure hacerlo usted primero.

14. Cuando compre libros para ser leídos por menores tenga en cuenta las siguientes recomendaciones: a) que sean de excelente calidad, b) que pertenezcan a distintos géneros, c) que tengan letra fácil de leer, d) que tengan excelente soporte gráfico, e) asesórese de expertos que le permitan descubrir lo nuevo y lo mejor.

15. Nunca lo obligue a leer, persuádalo o motívelo con temas que despierten su interés.

16. No lo obligue a leer en voz alta, primero estimule su autoconfianza y la espontaneidad.

17. No haga comparaciones, estimúlelo destacando sus logros.

18. Estimule la curiosidad y el espíritu investigativo por medio de la pregunta.

19. Despierte el interés por aprender cosas nuevas y útiles.

20. Elogie los comentarios que el niño realice y que denoten sensibilidad por la estética.

21. Enseñe al niño a leer como se habla con música y pausas que den sentido al texto.

22. Haga que el niño se interese por libros adecuados en momentos adecuados.

23. Cuando el niño esté más grande y sus intereses de lectura sean más amplios se debe impulsar la creación de equipos o clubes de lectura que culminen realizando foros sobre los temas leídos.

24. Comparta su entusiasmo por las propias obras que usted lee y de ser posible coméntelas con él.

El arte y los niños*

Acercar a los niños a las diferentes manifestaciones artísticas

Cuando como padres nos enfrentamos a la educación de nuestros hijos nos surgen muchas preguntas sobre qué es lo mejor para ellos. Claro que las respuestas que nos damos depende mucho de nuestros intereses y de nuestro entorno, y, por supuesto, de los cánones establecidos.

Es cierto que en la actualidad nadie puede negar la importancia de aprender un segundo idioma, de estar al día en los avances tecnológicos como las computadoras, los videojuegos, etc., o de tener un buen nivel en matemáticas. Sin embargo, en lo que se refiere a otros aspectos como el conocimiento de la historia, el manejo adecuado del lenguaje, el desarrollo artístico, el hábito de la lectura, o incluso el deporte, no siempre se consideran cuestiones primordiales para el éxito profesional.

Vivimos en un mundo en el que se da prioridad a todo aquello que nos reporte un beneficio inmediato y no nos detenemos a pensar que el desarrollo de estas áreas del conocimiento, tarde o temprano no sólo incidirá en un mejor desempeño, sino que además nos proporcionará un gran placer, lo cual repercutirá en que nos sentiremos más felices y, por ende, en que haremos mejor nuestro trabajo. La educación que aboga por un desarrollo integral no está tan mal encaminada.

Atiborramos a los niños de actividades extraacadémicas en aras de un mejor desarrollo, pero nos olvidamos de desarrollar áreas de la vida que quizá en un futuro les ayuden a desempeñarse mejor.

El desarrollo artístico quizá es el más menospreciado, además en muchas ocasiones le imprimimos un halo de formalidad o de exquisitez que lo aleja de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, es importante tener presente que el arte es una ventana que permite a los niños dirigir su atención al mundo que los rodea, a su pasado, a su propia historia y a la historia de la humanidad. Además, el arte promueve la capacidad creativa y ayuda a desarrollar la autoestima, la motivación y la disciplina. Al participar en actividades artísticas los niños aprenden a respetar otras maneras de pensar. El arte es una buena herramienta para resolver problemas y para comunicar los pensamientos, las ideas, y los sentimientos y emociones de diferentes formas. Es un instrumento divertido para desarrollar destrezas mentales importantes para el desempeño escolar. Las artes plásticas, el dibujo, la pintura, el modelado y la escultura, aparte de enseñar sobre colores, formas, texturas y los conceptos de causa y efecto, favorecen la representación de las experiencias, la descarga de emociones, y el desarrollo de las destrezas motoras finas y de coordinación viso-motriz. La expresión artística de los niños cambia según crecen física, mental y emocionalmente. El arte estimula ambos lados del cerebro. Hay estudios que demuestran que los niños que hacen arte leen mejor y
sacan mejores notas en matemáticas y ciencias. Los niños aprenden usando sus sentidos y el arte es ideal en este proceso. También estimula a los niños a prestar más atención al espacio físico que los rodea, y ayuda a desarrollar la coordinación entre los ojos y las manos. En fin, podríamos seguir enumerando cualidades, pero quizá baste con decir que el arte es importante en sí mismo, que es una fuente de placer y que hacer arte y aprender a disfrutar de él es algo que no debemos negarnos y que no podemos negarles a los pequeños.

Ahora bien, así como a andar en bici se aprende cuando te montas en una y experimentas el miedo a caerte y el vértigo de la velocidad, y a leer se aprende leyendo, a hacer arte y a apreciarlo, o si le quieres llamar de otra manera a sentirlo, se aprende haciendo y viendo arte. Además, así como los sabores nuevos pueden parecernos extraños, pero a fuerza de paladearlos llegamos a disfrutarlos, el arte, por extraño o incomprensible que nos parezca, también se degusta poco a poco y entre más lo veamos, observemos o toquemos más placentero nos parecerá.

Así pues, resulta obvio que toda incursión que el niño haga en el terreno de las artes manuales,
en el teatro escolar o en la danza debe ser bienvenida y seguramente ellos asumirán la tarea con sumo disfrute y sin poner ninguna objeción.

Quizá lo más difícil sea lograr que el niño disfrute al ver las manifestaciones artísticas, que aprenda a apreciar el arte. Los libros sobre esta disciplina son una buena herramienta, los hay especiales para niños y muy buenos, pues permiten desarrollar la sensibilidad y fomentar el interés por la creación artística, a través de ellos los pequeños tienen una primera aproximación al arte y se introducen en el mundo de la contemplación de cuadros, esculturas, objetos, espacios arquitectónicos, desarrollando su capacidad de observación, como Ediciones El Naranjo que cuenta con la colección Asómate al Arte. Sin embargo, el camino más efectivo, sin duda, es que el niño vea las obras de arte en vivo, que asista al museo, al teatro, a ver un buen ballet, a escuchar un concierto, etc., pues nada puede suplir la contemplación de la obra original.

Pero ¿cómo lograr que el niño quiera ir con nosotros a los museos, al teatro a los conciertos si estas actividades se les presentan como algo aburrido, si se tienen que concretar a ser simples observadores, si se les niega la posibilidad de interactuar o de jugar?

Para comprender el arte tenemos que abrir nuestra imaginación y nuestros sentidos a lo que quieren expresarnos los demás. Si bien es cierto, que el conocimiento es el punto de partida para el disfrute, y que la información teórica como la época, el contexto, el artista, el tema, el estilo, etc., pueden ayudarnos a entender mejor una obra, en realidad abordar con los niños esos temas, puede resultar aburrido y tedioso. Quizá, entonces, sea necesario darle vuelta a las cosas, abordar de inicio las obras, dejar que ellos las contemplen, ayudarlos a observar, a hacerse preguntas sobre los colores, las texturas, las escenas; llevarlos a reconocer escenas que reflejen su cotidianidad —una madre y un hijo—, o los diferentes sentimientos o emociones —el llanto, la risa, el enojo—, los lugares —una casa, el campo—, los animales —un caballo, un perro—; incitarlos a que identifiquen el movimiento. Motivarlos a decir lo que ven, lo que sienten, si les gusta o no y por qué. Estimularlos para que creen su propia versión, sugieran colores o formas nuevas. En fin, hacer de la visita al museo una actividad lúdica en la que los niños descubran poco a poco las claves de la obra y las disfrute con libertad. Recordemos la creatividad no sólo está plasmada sobre la tela o en el objeto exhibido, sino también en el camino por el cual el observador se acerca a la obra artística.

*Ana María Carbonell, editora de El Naranjo

Leer en la adolescencia

El camino más importante para generar un país de lectores es, sin duda alguna, la motivación de la lectura en los niños y en los adolescentes. Más allá del miedo con que los han acostumbrado a ver los libros, fomentarles la lectura por placer. 
Los niños mantienen aún muy abierto su mundo de imaginación, por lo que un impulso para acercarlos a los libros, muchas veces es suficiente para sembrar en ellos el hábito de leer que los alimentará el resto de su vida. 
Sin embargo en la adolescencia, esa época difícil por la que todos hemos y debemos pasar, donde el joven comienza a tener nuevas vivencias, resulta más complicado acercarlos a los libros. Las lecturas necesitan ser de su gusto y adecuadas para que puedan sentirse identificados. Un libro que los atrape.
Es precisamente sobre este tema que habla el siguiente artículo publicado en el sitio "El placer de leer con los niños", tomado a su vez de la siguiente fuente: Lluch Gemma, “Leer en la adolescencia” En: Nuevas Hojas de lectura, No. 6, octubre 2004.


Leer en la adolescencia

La adolescencia es época de amigos, de risas, de música en las orejas, de juegos en los recreativos, de salidas nocturnas. Pero también lo es de grandes sentimientos, de dudas, de amores y desengaños, de probaturas e inicios. En una época como esta, la lectura aleja al adolescente de la cuadrilla, de la calle, del exterior le obliga a estar consigo mismo, en silencio, recogido entre las hojas de papel, en la historia que le cuenta.

A veces algunos chicos chicas buscan esos momentos de soledad y se acercan a nuestros libros o a los mismos libros que nosotros leíamos. Entramos en su habitación y entre las sábanas de la noche encontramos perdido un título que reconocemos. De pronto, recordamos las pasiones humanas que pueblan sus lecturas: desde la venganza del conde de Montecristi al amor que atraviesa siglos de Drácula o a la locura de un capitán en busca de una ballena. Incluso puede ser que al lado de la cama hayan olvidado las 20 poemas de amor y una canción desesperada, libros de poesía eterna donde encuentran los sentimientos que no logran atrapar en el discman.

La maoría de las veces cuesta convencerlos, atraparlos, centrarlos para rellenar unos pocos momentos de la quietud que provoca un libro. Sabemos que entre sus páginas podrán encontrar la experiencia, las preguntas o las respuestas, el sentimiento que necesitan para entender la vida que transitan.

Tal vez son lectores que necesitan protagonistas jóvenes para sentirse identificados, porque viven pasiones aventuras parecidas a las suyas o, al menos, a aquellas que sueñan vivir.

Estos libros pensados para ellos les proponen respuestas a los problemas de los amigos, les ayudan a saber cómo se vive una mala experiencia que a menudo acecha demasiado cerca. La protagonista que emprende un triste viaje en Melanie: historia de una anoréxica (Dorothy Jone Harris, editorial Norma) o personajes similares que podrían ser ellos mismos o algunos amigos cercanos que de pronto se obsesionan con un cuerpo que quieren perfecto.

Las páginas de estos libros se acercan a su mundo, a su manera de hablar y de pensar, les proponen situaciones que necesitan entender o al menos conocer más a fondo. Sólo a través de sus páginas podrán acercarse a la mente de un personaje rodeado de violencia como en El chico que fue hombre (Patxi Zubizarreta, Editorial Anaya) y que sólo el amor rescata, aunque sea un amor más allá de la muerte. O identificarse con una historia casi bíblica e un largo recorrido donde el bien debe triunfar sobre el mal como el que recorre el más famoso Hobbit de Tolkien.

Muchos padres hablan de la dificultad de entablar un diálogo con los hijos, sobre todo durante la adolescencia. Muchos de estos libros valoran esta comunicación, la subrayan la presentan incluso como natural. Estos libros plantean unos mundos donde es posible sentarse en el sofá y compartir confidencias con los hijos adolescentes. El autor de Noche de voraces sombras (Agustín González Paz, Editora SM) narra una historia donde la madre de Sara le ayuda a esta recuperar una historia familiar que un silencio compartido arrebató del recuerdo. Juntas reconstruyen a una red de olvidos tejidos por obligados silencios que les ayuda a reconstruirse como personas y como familia. Un comienzo para reencontrarse más allá de la edad y más allá de la relación entre madre e hija.

A menudo nuestra mirada adulta nos puede llevar a ningunear las experiencias adolescentes porque las reconocemos como demasiado vistas y olvidamos que para ellos son recientes, nuevas y extrañas. Como adultos una visita a las páginas que ellos devoran nos ayudará a ver de manera diferente experiencias que a menudo se han convertido en olvidadas, que la cotidianidad nos ha hecho olvidar pero que para ellos son la frontera entre la vida y al muerte, entre el desasosiego y la dicha.

Tal vez la aventura de Xavier les ayude a entender la pérdida de un ser amando porque el protagonista de Mi mano en la tuya (Mariasun Landa, Alfaguara) es incapaz de aceptar que su madre rehaga su vida. Esta realidad no demasiado extraña para un adulto, se transforma para el protagonista en algo nuevo y angustioso y, a través de él, también para el lector. Pero la autora propone un camino interior, una reflexión íntima lejos de ruidos luces, de alcoholes y vahos, que le conducirá al descubrimiento de sus miedos, a la aceptación de la impotencia ante la pérdida, ante la muerte. Y, al final, a la solución, o a la aceptación del conflicto.

Acompañar a Xavier a superar sus temores y sus miedos se puede transformar en una experiencia compartida con el amigo, aunque en este caso el amigo sea de papel.

Entender otras formas de vivir, de amar o de sufrir les educa, les enseña a ser más tolerantes. Así la lectura juvenil propone múltiples aventuras por mundos más o menos exóticos poblados de adolescentes que aman, sufren, viven y estudian de manera similar a los nuestros. Por ejemplo, la escritora Batya Gur nos permite entrar en la casa de un niño de Israel. Conocer su mundo, sus escuelas, sus temores puede ser una aventura con Espiando a un amigo (Editorial Siruela) que nos permitirá hacer cercanos a los habitantes de otros mundos. A veces descubrirán una realidad próxima y sabrán que adolescentes de otros mundos pueden sentir como sienten ellos.

Pero otras, descubrirán una realidad lejana, incluso distinta a la que han visto en la televisión. Aún en estos casos podrán reconocerse en la voz del protagonista. Podran compartir las preocupaciones de un niño judío que vive en Israel, Shabi, y hsta podrán hacer suyas sus palabras: “Cuando los adultos, los profesores o los padres te sientan y te dicen: ¿Por qué no me cuentas lo que ha pasado?, lo mejor es callar. Si tú callas y les dejas preguntar y esperas con paciencia, ellos hablarán podrás entender qué es lo que quieren de ti”. ¿O no recuerdan ustedes un sentimiento parecido que se esconde en el fondo de nuestros recuerdos?

Las páginas de esta literatura llamada juvenil les acerca al mundo, al complejo escenario del siglo XXI del que forman parte, contándoles historias concretas que pueden mostrarles los nombres y apellidos de las historias contadas por las periodistas en las noticias de la televisión. Pero también les aproxima a su interior, al complejo mundo que les tocó vivir, donde todo parece posible y a la vez todo es lejano. Donde abunda la comida y enferman por no comer, donde la tentación de la droga o la violencia se asoma en demasiadas esquinas pero donde los sentimientos de solidaridad y amor, entendimiento y respeto les enseñan a crecer libres. Como Shabi, el protagonista de Espiando a un amigo, a veces se defienden de los padres y de los profesores desde el silencio. Tal vez, la lectura compartida de un libro pueda abrirnos esos puentes de diálogo que en estas edades se cierra a cal y canto.

Pero los libros también proporcionan diversión, digamos, intelectual. Descubrir cómo el lenguaje puede divertir puede ser el camino de inicio a la literatura. Y pueden probar a hacerlo alimentando la inteligencia con Hasta (casi) 100 bichos (Daniel Desquens, editorial Anaya), un bestiario con referencias populares (“La versión cinematográfica del murciélago es el Vampiro”) donde le humor inteligente es la estrella (“Esto significa que si alguna cadena de televisión consigue filmar este carnívoro vivérrido tiene la obligación de pasar las imágenes en horas de máxima audiencia. Entre las 3 y las 4 de la madrugada, y por el UHF”).

O pueden probar este camino con los cuentos Cuando el mundo era joven de Jûrg Schubiger (Anaya) donde se juega con el absurdo, la tradición y las palabras. Atreverse a descubrir sus páginas es encontrar la diversión en uno mismo, en la posesión más antigua del ser humano: la palabra.

¿Es literatura juvenil? Ellos eligen sus libros y, como nosotros, cada momento, cada lector necesita un libro diferente. En ocasiones, necesitan historias donde se identifiquen con los protagonistas, donde vivan, sientan, hablen o actúen de manera parecida a ellos. En otras, incluso compartirán nuestras lecturas. Pero siempre, leyendo, viviendo, esos libros elegidos acaban entendiéndose, descubriéndose, encontrando respuestas o, simplemente, sabiendo cómo hacer una nueva pregunta.