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¿Por qué publicar para niños y jóvenes?

¿Cuál será la razón por la que muchos autores han comenzado a escribir para niños? ¿Qué les ha llevado a explorar en la literatura infantil y juvenil? ¿Por qué grandes escritores han empezado por escribir para los más pequeños y para los jóvenes? ¿Es ésta una forma de capturar a un público más amplio? ¿Es un medio literario que les genera más ventas?



La literatura infantil no es en esencia muy diferente de la literatura para adultos, por eso no es una literatura menor, ni es menos exigente que ésta. Requiere que el escritor tenga los conocimientos suficientes para conseguir la calidad literaria y el acomodo temático y formal que le permitan llegar al público al que van dirigido sus escritos. Sea cuál sea la razón por la que el escritor se decida a escribir para los niños o jóvenes, es importante que conozca bien lo que necesita para cautivar a su público.

Es muy importante por tanto definir precisamente para qué edades va dirigido, qué tipo de narración los atrae y qué personajes los mantienen anclados a las historias.

En relación a esto, en el sitio de premura.com han publicado una serie de artículos muy interesantes sobre la importancia de escribir de acuerdo a la edad a la que va dirigida un texto, los personajes que interesan a los niños y jóvenes, y sobre las diferentes clasificaciones de la editoriales de acuerdo a la edad.


En el Club Sácale Jugo a la Lectura nos permitimos reproducir los siguientes textos breves que publicaron sobre el tema:

Escribe de acuerdo con la edad

Los conflictos, en la literatura infantil deben ser relevantes a la edad a quien se dirige la novela. Los adolescentes están preparados para entender y preocuparse por conflictos exteriores a su marco de referencia que los niños aun no comprenden. Otros conflictos, particularmente los de carácter violento no se consideran apropiados, especialmente si el libro se usará en el aula. Pero conflicto es una palabra que se usa habitualmente para referirnos al obstáculo principal al que tendrá que enfrentarse el protagonista no tiene por qué ser triste o violento.

Los conflictos también pueden ser divertidos como a los que se enfrentan los protagonistas de novelas tan dispares como 'Frena, Cándida Frena' de Maite Carranza o 'Nunca más' de Fernando Lalana y José María Almárcegui. (Ver entrevista a Fernando Lalana.) El humor es un recurso útil tanto en literatura infantil como en literatura juvenil. Care Santos por ejemplo, también lo usa en su Operación Virgo para contar las aventuras de una adolescente que, ayudada por su amiga, quiere dejar de ser virgen y buscan mil y una estrategias para encontrar al candidato ideal para tal menester.

Los lectores de todas las edades, necesitan sentirse reflejados de alguna manera en sus lecturas. Y tu necesitas ver a tus lectores como individuos que pasan por ciertas etapas entre los seis y los dieciséis años. Para la literatura infantil, el individuo quiere iniciar un paso adelante para impactar a su mundo más inmediato: familia, escuela, amigos, pueblo... Cuando un personaje cambia, el lector tiene que pensar “yo también puedo hacerlo”.

En '¿Y si me defiendo?' de Elizabeth Zöller, Krissi, su protagonista pasa del miedo inicial a los matones del colegio a hablar de violencia en la escuela y a encontrar maneras de defenderse junto a los compañeros de clase.

En literatura juvenil, en cambio, los lectores no tienen tanta necesidad de verse reflejados en el libro. Sus mundos se expanden, y les gusta salir de sus puntos de referencia a través de la ficción. Lo más importante es que los adolescentes entiendan el por qué de las decisiones que toman los personajes para poder juzgar por si mismos si son buenas o no.

En 'No has muerto en Stalingrado', de Delstanches y Vierset, Walter Giezsce, se preocupa por buscar a su padre, que ha sido apresado en 1943 después de la batalla de Stalingrado. La mayoría de adolescentes si bien no viven situaciones similares, podrán entender las sensaciones que describe el joven Walter.

En conclusión, para escribir literatura infantil debemos tener muy claro el argumento y seguir la línea argumental sin irnos por las ramas. Debemos usar protagonistas cercanos a nuestros lectores, con vivencias similares. Y los conflictos deben ser cercanos. Los niños, al finalizar la obra, continuarán siendo niños. Por el contrario, la literatura juvenil suele hablar de crecimiento. Sus protagonistas no tienen por qué ser cercanos al lector, sino más bien verosímiles. Y los conflictos suelen ser más grandes incluso pueden no formar parte del círculo habitual de vivencias de un adolescente típico.

Cruzando el umbral... o no

¿Recuerdas cuando creías que podías cambiar el mundo? Los protagonistas en las novelas para niños y adolescentes muchas veces son héroes que cumplen las expectativas de sus lectores. Pero el tamaño del mundo que cambian depende de la edad a quien va dirigida la novela. En las novelas para niños, los protagonistas suelen aplicar los cambios sobre sí mismos, sobre sus familias, sobre sus amigos o su vecindario, asegurando de esta manera a sus lectores que los problemas pueden afrontarse y resolverse. Pero al final del libro, los personajes continúan siendo niños. Más fuertes, más listos o más independientes, pero niños al fin y al cabo. En las novelas para adolescentes el mundo se expande y los conflictos son más sobrecogedores. Es muy posible que el cambio sea más radical y que en su camino, los adolescentes se conviertan ya en adultos.

En 'El Zoo de Pitus' de Sebastià Sorribes, por ejemplo, un grupo de niños y niñas deciden ayudar a un amigo enfermo que no tiene suficiente dinero para pagarse un viaje y una operación a Suiza organizando un zoo en el barrio. Las aventuras que correrán y la amistad creciente entre ellos los volverá más fuertes, pero al final de la novela continuarán siendo niños.

En cambio, en 'La guerra de mi hermano', de Jordi Sierra i Fabra, Gabriel vivirá la guerra en dos frentes, uno viendo como su hermano se marcha a una zona de conflicto y otra con las manifestaciones que se generan a raíz de ese conflicto. También aprenderá que las guerras pueden estallar en la familia. Y acabará la novela con más tristeza, pero también más adulto.

Tengamos en cuenta que como mayor sea nuestra audiencia, los conflictos cada vez profundizan más y las subtramas se complican. Podemos añadir nuevos personajes y nuevas preocupaciones.

A estadios diferentes, estilos diferentes

En muchos casos, la edad del protagonista es una buena pista a la hora de determinar la edad del lector a quien va dirigida la obra, aunque no siempre. A los niños y las niñas les gusta leer sobre personajes que tienen su edad o son uno o dos años mayores que ellos. A veces un protagonista más joven puede atraer a lectores mayores siempre y cuando su historia tenga que ver con lo que viven los niños en ese momento.

Más o menos, las edades en que las editoriales suelen dividir los libros para niños son: De 0 a 3 años, de 3 a 5, a partir de 6 o 7 años, a partir de 9 años, a partir de 12 años y a partir de 13-14 años. Incluso algunas editoriales tienen libros para chicos y chicas mayores de 16 años. En general, suele considerarse literatura infantil hasta los 12 años y literatura juvenil a partir de los 13. En esta ocasión hablaremos de los libros dirigidos a niños y niñas entre 6 y 15 años, buscando las diferencias entre las diferentes etapas. Más adelante hablaremos de los álbumes ilustrados y los libros para niños y niñas menores de 6 años.

Mientras escribas, intenta visualizar a tu audiencia. La literatura infantil va dirigida niños y niñas desde los 6 años (si ya tienen suficiente soltura lectora) hasta los 12. En general, tiene una trama básica y la sigue sin adentrarse en otros vericuetos. La literatura juvenil que suelen leer chicos y chicas a partir de 13 años, será más compleja y los personajes se cuestionarán aquello que preocupa también a sus lectores. Pero hay algunas obras que traspasan los límites entre una y otra.

Mientras que en la literatura juvenil se extrema la sofisticación en cuanto a argumentos y personajes, en literatura infantil, los personajes se parecen mucho a sus lectores aunque enfatizando alguna de sus cualidades, como ser más valientes, correr riesgos más grandes o vivir situaciones extremas. Los lectores de literatura juvenil, en cambio, buscan la verosimilitutd. Pueden entender puntos de vista que no sean el propio siempre que estén bien argumentados. Por lo general, suelen gustar de literatura realista que refleje el mundo real, sea éste bueno o malo.

El acercamiento de los autores a los niños

En el Club Sácale Jugo a la Lectura creemos en la importancia de que los autores se acerquen a los niños para contagiarlos sobre su sentir acerca del mundo de la literatura. Por esta razón dentro de las actividades que llevamos a cabo en el Club, a través de platicas, firmas de libros, presentaciones, y más, consideramos importante que los niños tengan la oportunidad de conversar con sus autores favoritos, y llevarse un grato recuerdo al encontrar sencillez en esos hombres y mujeres que admiran.

Para los pequeños es importante observar las actitudes de las personas creativas, para de este modo formarse con una personalidad más crítica, sensible y abierta.

Como un ejemplo de esto, José Saramago realizó en el 2005 una visita a una escuela en el barrio porteño de Boedo, Argentina, para dialogar con los alumnos sobre su obra, su pasión por la literatura, y otros temas de actualidad internacional.

En aquella ocasión Saramago comentó lo siguiente: "Que mis libros los lea un lector adulto, es normal. Ahora, que un niño se acerque para demostrar con sus preguntas que ha leído mis libros y que me conoce, es una emoción muy fuerte".

También dijo: "La literatura tiene mucho para enseñar. Enseña lo que tiene que ver con la persona: sus sentimientos, sus sueños, sus reflexiones, la alegría, la tristeza. Me gustaría que, dentro de unos años, algunos de vosotros entren en una librería o en la biblioteca de la escuela y pida un libro de José Saramago. Ése será un paso más".

Al hablar sobre su propia infancia y experiencia como alumno, Saramago recordó que su afición literaria surgió desde muy temprano. "Los libros que yo he leído en mi juventud los he leído en la biblioteca pública: durante el día trabajaba y por la noche iba a leer a la biblioteca. Leí de todo, todo lo que podía. No había nadie que me dijera 'esta obra no te conviene, es demasiado pronto para ti'. La aventura era leer y leer."

Cuando se le preguntó sobre sus propios gustos como lector, confesó que todos los libros tienen algo que necesitamos. "Los autores y sus lectores constituyen una tribu. La gente se reúne alrededor de un libro y encuentra que en ese libro hay una humanidad, que no es sólo la que podemos reconocer como contemporánea nuestra: hay una humanidad que es toda la herencia cultural, el lenguaje."

Finalmente, los chicos se animaron a manifestar sus inquietudes por el conflictivo escenario internacional, y le preguntaron sobre las tensiones existentes en todo el mundo. El novelista se permitió, entonces, un último consejo: "El mundo está ahí y hay que conocerlo. Tenéis que empezar ya a conocer el mundo".

Aquellos niños que compartieron, al menos, un momento con el Premio Nobel, jamás lo olvidarán y siempre tendrán la curiosidad de acercarse a los libros, pues se habrán dado cuenta de que los escritores son personas comunes, sencillas, y que están disponibles para platicar con ellos.

A 25 años de su muerte: Luis Espota

Luis Espota es un caso extraodinario en la literatura Mexicana. Pues a pesar de que se le acusaba de manejar una “prosa utilitaria”, es decir que no tenía mayores aspiraciones artísticas (cosa que podría resultar falsa, pensando el caso de su novela "Casi el paraíso": magnífica por su prosa, por su técnica y por las propuestas que contiene), de no formar parte de grupo alguno, y ni siquiera tener un representante, sus novelas fueron traducidas a más de veinte idiomas. 
En México, la mayor parte de ellas se reimprimía cada año en un promedio de cien mil ejemplares.



Luis Espota fue una figura del periodismo, de la literatura e incluso de la fotografía. 

Periodista precoz, a los 14 años ya había realizado algunas entrevistas, como la del aviador Francisco Sarabia en 1939, sin embargo, no fue hasta 1941 que Spota ingresó al periodismo profesional, en la revista Hoy. En ese mismo año empezó a escribir sobre cine en la revista Mujeres y deportes, además de la revista Novelas de la Pantalla.

También escribió para Excélsior: “Luis Spota ganó, en una ocasión, el encabezado a ocho columnas de la primera plana de Excélsior durante cuarenta y tres días consecutivos. Además de que pudo ver publicadas, en esa misma plana, diez notas suyas el mismo día. Por su juventud y su vertiginosa trayectoria, en los medios periodísticos lo conocían como el niño terrible de Bucareli” (PERALTA, Elda. Luis Spota: las sustancias de la tierra. Una biografía íntima. Ed. Grijalbo, México, 1990. P. 89).

En Últimas Noticias de Excélsior; escribió la columna Rezagos que reemplazó a Side Car de Salvador Novo y suscribió la columna Pericles, 1943-1944, en la que colaboró con Rafael Heliodoro Valle.

A los 21 años fue nombrado director de Últimas Noticias, Segunda Edición de Excélsior (1945-1947). Escribió en la revista Mañana, donde fue jefe de redacción y escribió excelentes reportajes, como aquel por el cual obtuvo el Premio de Periodismo 1948 de la Asociación Nacional de Periodistas. El artículo se publicó el 7 de agosto de 1948 y versaba sobre el novelista Bruno Traven, cuya identidad Spota trató de develar.

También escribió en Mire y dirigió Claridades. Colaboró en Política y en Novedades, 1949, notas sobre arte: Derecho de picaporte, así mismo en Novedades escribió la columna 24 horas. Dirigió la revista cultural Espejo (1967-1969) y fungió como responsable de El Heraldo Cultural (1965-1985), suplemento de El Heraldo de México.

Su incursión en el teatro fue breve, destacan: Ellos pueden esperar (estreno 1947, Dir. José de Jesús Aceves. Teatro de Bellas Artes), El aria de los sometidos (estreno 1998, Teatro Rafael Solana) y Dos veces la lluvia.

Su carrera en la radiodifusión mexicana comenzó en 1949 en la XEW. En 1952 y 1953 ganó los premios al Mejor Comentarista Radiofónico. Su primer encargo en la televisión fue Magazine Televisado (1958). En mancuerna con Rafael Solana presentó Tribunal cinematográfico (1959), programa de crítica en el canal 4 de televisión. A partir de 1969 y con una duración de 18 meses, Luis Spota fue el titular del programa Grandes Series de Golf para el canal 8 de Televisión Independiente Mexicana. En 1973, Spota regresó a Televisa como comentarista. Él y Lolita Ayala conducían un programa diario de entrevistas a invitados: Cada noche lo inesperado.

Como entrevistador de la televisión tuvo gran éxito con el programa La hora 25. También fue titular de Diálogo abierto y Fuera de serie: “Luis Ingresó al Canal 13 —la televisión del estado— en 1974. (…) Fuera de serie, presentaba y matizaba sus comentarios, reportajes de actualidad histórica que el departamento de producción adquiría en el extranjero. A ese programa semanal Luis agregó, a partir de 1977, otro de entrevistas: La hora 25, aquí dialogaba con algún invitado en torno a temas de actualidad política o cultural (…)” (Ibid, P. 289). En 1978 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

Escritor de enorme producción literaria, Luis Spota obtuvo en dos ocasiones el Premio Ciudad de México: 1950 y 1954 por sus novelas Más cornadas da el hambre y Las grandes aguas.

Spota fue autor de alrededor de 30 novelas, entre ellas: El coronel fue echado al mar (1947), Murieron a mitad del río (1948), Más cornadas da el hambre (1950), La estrella vacía (1950), Las grandes aguas (1954), Casi el paraiso (1956), Las horas violentas (1958), La sangre enemiga (1959), El tiempo de la ira (1960), La pequeña edad (1964), La carcajada del gato (1964), Los sueños del insomnio (1966), Lo de antes (1968), La plaza (1971), El viaje (1971), Las cajas (1973), Retrato hablado (1975), Palabras mayores (1985), Sobre la marcha (1976), El primer día (1977), El rostro del sueño (1979), La víspera del trueno (1980), Mitad oscura (1982), Paraíso 25 (1983), Los días contados e Historia de familia, obra que dejó inconclusa.

Entrevista con Henning Mankell

La revista Arcadia.com publica una entrevista muy interesante con el escritor Henning Mankell. En ella tocan el tema de la novela policiaca, el premio Nobel que jamás ha recibido un escritor de novelas de detectives, y desde luego habla sobre su más reciente novela El hombre inquieto.


A continuación nos permitimos reproducir la entrevista.

Sentados a la mesa*

Casado con la hija de Ingmar Bergman, el escritor sueco es conocido en el mundo entero por sus exitosísimas novelas protagonizadas por el oscuro detective Kurt Wallander. ¿Por qué no se ha ganado el Nobel un escritor de novelas policíacas?

Su última novela sobre Kurt Wallander acaba de salir. Henning Mankell asegura que definitivamente será la última. Lo encontré en la feria del libro en Gotenburgo, donde participó en un seminario sobre la lucha contra el estigma del sida, se manifestó contra el analfabetismo y también habló de su obra. Wallander está cansado, a diferencia de Mankell, que abre la puerta a una continuación con la hija del detective como protagonista.

¿Por qué escribe usted novelas de detectives?

La pregunta es si eso es lo que hago. He escrito más o menos 40 libros. De ellos, una cuarta parte es lo que podríamos llamar novelas de detectives, así que definitivamente escribo otras cosas. Algunos científicos literarios miserables piensan que la ficción policíaca fue inventada por Edgar Allan Poe, pero no saben nada. ¿De qué se trata Medea? Pues de una mujer que mata a sus hijos por celos hacia su marido. Si eso no es una historia criminal, no sé qué lo sería. La gran diferencia es que la Policía es un invento posterior, del siglo XVIII ó XIX. La idea de utilizar el crimen para representar conflictos en una sociedad, o entre seres humanos, es efectivamente uno de los géneros más antiguos que existen. Y para mí también ha sido útil en unos cuantos libros. Así lo veo. Hoy vivimos en un mundo donde hay muchísimas supuestas novelas criminales llenas de populismo y especulación. Se publica un montón de libros que son pura y simple basura, escritores que piensan que es posible convertir cualquier cosa en una novela de detective, y eso no me interesa en absoluto. Por eso me parece interesante que mis libros hayan sido distribuidos mucho más que varios otros en este grupo.
Una característica de las novelas de detectives es que el suspenso se agota después de la primera lectura... No admiten relecturas.

Tienes razón, pero te equivocas. Hay dos maneras fundamentales de contar una historia. Una es la anécdota que se gira en torno a su conclusión, que depende completamente de cómo termina. La otra manera es, para mí, mucho más interesante. Es el intento por describir el proceso. Si hay algún tipo de libros que detesto son los de Agatha Christie. Leo las primeras páginas y hojeo hasta el final para ver quién lo hizo. No hay nada que me interese en el proceso. Eso es algo que no tiene que ver sólo con literatura de crímenes, sino con toda la buena literatura. Un artista de verdad puede describir bien el proceso. Entonces seguimos los eventos y no estamos esperando que venga el final. Eso es arte, eso es lo difícil.
Entonces no leemos novelas de detectives para saber “si fue el mayordomo”?
He escrito un libro en el que cuento en la primera página qué pasó y quién lo hizo. Y en las próximas 500 páginas describo la investigación. Tengo que contar una historia que la gente quiera oír. Realmente eso es el suspenso. Me gusta este símil que implica invitar al lector a sentarse contigo en la mesa. Si escribo un libro donde revelo todo, el lector se queda parado al lado mientras yo estoy sentado en la mesa comiendo. Entonces he fallado. El lector tiene que sentirse acogido en la mesa. Eso me fascina. De vez en cuando veo una obra de teatro buenísima. Entonces me entran ganas de participar. Eso, para mí, define calidad.

¿Por qué suelen ser un desastre en sus vidas personales los detectives más entrañables de la literatura?

Porque en la realidad es así. Si miras las estadísticas de divorcio de policías en casi cualquier país, son un desastre. Desde cuando salen a trabajar en la mañana hasta cuando regresan viven cosas muchas veces tan terribles, que les resulta difícil tener una vida personal normal, que se basa en la capacidad de quitarse todo eso de encima.

¿Y por qué cree usted que no ha recibido el premio Nobel de literatura ningún escritor de novelas de detectives?

Eso vendrá. Con una institución tan convencional y antigua y rígida y dogmática como la Academia Sueca, tomará su debido tiempo. Mi opinión es que si Le Carré tuviera 40 años menos, sería inevitable considerarle un candidato. Él ha escrito unas novelas sobre la Guerra Fría que nadie ha podido superar. Le Carré ha sido una gran inspiración para mí, en muchos sentidos. Y Graham Greene casi recibió el premio, pero un miembro de la Academia Sueca, Arhur Lundqvist, se opuso porque estaba enamorado de la misma chica que Graham Greene. Sólo por eso nunca recibió el premio Nobel. ¡Es que la Academia es también un corral de gallinas!

¿Cómo explica usted su productividad?

Trabajo muchísimo. Ahora bien, el día tiene 24 horas para mí también y no puedo entrar en un guardarropa y encontrar un saco de tiempo (¡oh!, aquí estaban cinco semanas que había olvidado...) Veo muy, muy poca televisión. Si disminuyo el tiempo que veo la tele una hora al día, son ocho semanas al año. Y en ocho semanas casi escribo otra novela. Así que soy muy cuidadoso con lo que no hago. También soy minucioso en lo que no escribo. Intento siempre decidir qué es lo importante, y allí encuentro una selección que facilita mi trabajo. Siempre trabajo en dos cosas a la vez, pero sólo es posible tener una cosa principal. Digamos que escribo un libro, que es lo importante. Pero si necesito descansar un rato, quizá me ocupo con una obra dramática un rato y vuelvo al libro.

Usted vive la mitad del año en Suecia y la otra mitad en Mozambique. ¿Cómo influye eso su trabajo?

Escribí muchos de mis libros mitad en África, mitad en Suecia. Pero eso no significa nada. Tengo dos hogares, dos arraigos. Tengo el privilegio de vivir con un pie en la nieve y uno en arena. Un pie frío y otro caliente. Eso se equilibra. La única diferencia es que me levanto a las 5 de la mañana en África para utilizar las horas frescas de la madrugada. Pero duermo la siesta tanto aquí como allí. Es un invento maravilloso.

Usted ha dicho que el mundo imaginario puede ser tan esencial como la realidad. ¿Puede elaborar ese pensamiento?

El artista veraz es el niño. Creo que los niños entienden que la imaginación existe para ayudarte a sobrevivir como niño, porque la niñez es difícil. Te haces preguntas difíciles sobre la vida, la muerte, la soledad... y creo que necesitas la imaginación para aguantar. En mi caso era muy dramático porque mi mamá desapareció cuando yo tenía un año. Se largó, y por supuesto era una situación delicada el ser rechazado por mi madre de algún modo. Mi estrategia para sobrevivir fue inventarme otra mamá. Cuando me encontré con mi propia mamá, a los 15 años, preferí a mi mamá imaginada. Pero debo decir que mi mamá imaginada era muy estricta. No sólo era una de esas madres que me daba pasteles. Los seres humanos tenemos lo que necesitamos para sobrevivir. Si no necesitáramos la imaginación, no la tendríamos, simplemente. El arte verdadero existe cuando eres niño. Luego cuando te vuelves mayor y quizá quieres ser artista, necesitas reconquistar lo que tenías de niño.

¿Y cómo lo ha logrado?

He reconocido el mundo de la imaginación y a la imaginación como instrumento para describir el mundo real. Soy escritor de ficción y escribo lo que podría haber pasado, no necesariamente lo que pasó, mientras lo documental es una reproducción fiel de la realidad. Con ayuda de la imaginación le doy cuerda a la historia que quiero contar.

¿Qué cree usted que atrae tanto a los lectores del extranjero?

Es importantísimo recordar que la mitología sobre Suecia, desde las hermosas rubias hasta el Estado perfecto, no la hemos creado nosotros. En el mismo sentido nosotros construimos mitología sobre otros países; sin ir más lejos, la imagen de una Colombia terrible. Yo no escribo libros en paisajes convenientes. Pero claro que el paisaje y la sociedad Sueca pueden parecer muy exóticos, vistos desde Colombia. Pero lo que realmente pienso –y que creo que explica mucho, si hablamos de los libros sobre Wallander– es el matiz de que las novelas tratan la relación entre el sistema judicial y la democracia, un problema gigante en todo el mundo. Creo que mucha gente comparte la inquietud de Wallander. Sabemos que la democracia se avería si no funciona el sistema judicial, y si la dejamos averiar, le ponemos un precio a la democracia.

Otra explicación es obviamente el protagonista y lo que me gusta llamar el “síndrome diabetes”. Yo describo personas que se transforman. Como tú y como yo. Nunca vamos a ser las mismas personas después de habernos encontrado. Nos influimos y nos cambiamos. Cuando había escrito tres libros sobre Wallander hablé con una amiga que es médico y que había leído los libros. Le pregunté cuál enfermedad sería la ideal para Wallander. “Diabetes”, me contestó en seguida. Él es la persona típica que tiene diabetes. Con diabetes se volvió aún más popular y creíble, porque en el mundo real hay gente que efectivamente es diabética. Eso me enseñó mucho sobre cómo funcionan los libros.

En el último libro, Wallander parece cansado. ¿Está cansado también usted?
No, para nada. Tenemos en común la edad, a ambos nos gusta la ópera italiana y somos muy enérgicos. Eso es lo único. Si Wallander hubiera existido, no seríamos amigos. Somos demasiado diferentes.

¿Y ahora Wallander no vuelve más?

Así es. No muere, pero entra en su vejez. Algo sucede y en la última página uno entiende que es imposible seguir. En cambio quizás escribo un poco más sobre la hija. Wallander puede estar allí en un fondo, pero no temo perder algunos lectores. Tengo que seguir mi camino y la vida es corta.

Lo ha dicho antes, que había escrito la última novela de Wallander...

Hace exactamente diez años escribí lo que, con el corazón en la mano, creía que era la última. Después nunca más pensé en aquello durante cinco años. Pero luego empecé a darle vueltas a la idea de que podría haber un libro más, uno que tratara más de sí mismo; y resultó este libro. Muchas gente me dice “ya veremos”, pero yo simplemente les respondo: “Cuéntame algo más, que eso no me importa”.

ENCONTRANDO A ALEJANDRO AURA

Amigos del Club Sácale Jugo a la Lectura. Les damos a conocer algunas de las fechas programa das hasta el momento para la presentación de los libros de Alejandro Aura: “Cuentos y ultramarinos” y “ El aura de Alejandro”
Estas son algunas de las presentaciones programadas hasta el momento:

Octubre:

10oct - México D.F. - 19:30hrs - 9a Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad. Café literario "Julio Cortázar"

12oct – San Luis Potosí – 20:00hrs - Casa de Cultura. Museo Francisco Cossio

14oct – Zacatecas - Templo de San Agustín

16oct – San José Iturbide (Guanajuato) - Centro Cultural "Casa Campa"

17oct – Santiago de Querétaro (Querétaro) – 20:00hrs - La Fábrica

20oct – Morelia (Michoacán) – 18h - Univ. Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

24oct – Colima – 20:00hrs - Jardín libertad.

29oct - México D.F. – 13:00rs - Mariano Azuela #121

Para más detalles, información, nuevas fechas y cambios visiten: http://encontrandoaalejandro.blogspot.co
m/2009/01/en-las-presentaciones-de-octubre-2007.html

Niños van tras su familia e identidad


Una nota del Excelsior sobre una obra de teatro escrita por Javier Malpica autor de Para Nina.

Niños van tras su familia e identidad*

Patricia Cordero

Hay padres que deciden cruzar la frontera en busca de una mejor oportunidad de vida. Tras ellos van hijos que desean encontrarlos sin medir las consecuencias y el peligro que ello implica.

La migración infantil inspiró al dramaturgo Javier Malpica a escribir Papá está en Atlántida, la cual ya se ha presentado en Estados Unidos y ahora se monta en México, en la Sala Xavier Villaurrutia, del Centro Cultural del Bosque.

El libreto obtuvo el Premio Víctor Hugo Rascón Banda en 2005, que otorgan el Conaculta, la Universidad Autónoma de Nuevo León y el gobierno de ese estado.

“Me gusta escribir sobre temas que me incomodan e intento hacer un poco de denuncia. Fue un descubrimiento porque escribo mucha literatura infantil y me pareció interesante hacer una obra con dos voces infantiles únicamente”, explica.

En la historia, un par de niños se lanzan a la aventura para buscar a su padre y construyen un mundo a partir de su imaginación.

“Habla sobre la pérdida de la identidad, de la necesidad que tenemos de pertenecer a un grupo. Nuestra identidad se da a partir de que somos padres, hijos, estudiantes, etcétera. En México la base de la sociedad es la familia y, cuando ésta se destruye, se destruye la identidad”, considera el escritor.

La directora Sandra Félix la lleva a escena con la actuación de Judith Cruzado y Pilar Villanueva, quienes interpretan a los pequeños.

“Desde el punto de vista humano, y porque soy mamá, me interesa el abandono y la desintegración familiar, que pueden ser porque el padre se va a buscar empleo a Estados Unidos, pero puede ser por un abandono cotidiano en que los niños se quedan solos mucho tiempo, o por los divorcios”, señala Félix.

Si bien es un tema duro y algo difícil de comprender para los menores, no debe ocultarse la realidad a los niños, asegura Malpica.

“Los niños, que tienen una gran necesidad de seguir con sus padres, con toda la inocencia del mundo cruzan solos la frontera y van por el desierto o el río, con la esperanza de poder llegar. Es una temática fuerte, construida con ternura e inocencia”, dice Félix.

La escenografía e iluminación está a cargo de Philippe Amand, quien optó por un diseño minimalista que permita recrear diez espacios diferentes con una serie de cajas.

*Fuente: http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/comunidad/expresiones/ninos_van_tras_su_familia_e_identidad/705283