15 de octubre de 2010

Motivando a leer (2a parte)

En una nota anterior -Motivando a leer (1a parte)- comentamos que uno de los principales objetivos del Club Sácale Jugo a la Lectura es motivar a niños, jóvenes y adultos para que vivan el placer de la lectura. Ahí es donde encontramos la fuerza para mantener vivo este sueño, y seguir con el esfuerzo de acercarnos a la mayor cantidad de gente posible para contagiarlos de esta pasión que nos tiene trabajando día a día, con la esperanza de lograr, a través de los libros, un sociedad más sensible en relación con su entorno.

(Sacándole jugo a la lectura durante el taller de lectura en Infonavit. Libro "Los niños de paja", de Bernardo Esquinca, Almadía, 2009)

Al respecto estamos convencidos que uno de los objetivos más importantes para lograr esto se encuentra en los niños. Y es nuestro deber, como adultos, motivarlos para que nazca en ellos ese instinto de lector que los volverá seres humanos más imaginativos, responsables, y sensibles.

Pues bien, continuando con la nota Motivando a leer (1a parte) presentamos a continuación la segunda parte del artículo "Motivar a leer" publicado por el sitio La casa del árbol.


(Sacándole jugo a la lectura durante la presentación del libro "Diario de un desenterrador de dinosaurios", de Juan Carlos Quezadas, Ediciones El Naranjo, 2009. Lugar: Foro Bancomer)




Motivar a leer (2a parte)*

7. Desarrollar en los niños un sentido de la lectura
Pero también hay que motivar para que el niño arribe a algo legible, entendible, asimilado por él; y que adopte y quiera de manera lúcida.
     Precisamente, en una investigación sobre lectura se encontró que los niños que habían avanzado más en este dominio eran aquellos que más entendían el porqué, que eran más claros en la razón de dicho aprendizaje. Y es más, que tenían un concepto muy cabal de lo que la era lectura.
     Por eso, debe haber de parte de los niños niveles de conceptualización de la lengua escrita previos a su aprendizaje convencional. Pero interesa que ellas sean reflexiones propias, no las ideas que tenemos los adultos, porque como bien expresa Sully citado por Jesualdo:
     "Si el niño pudiera darse cuenta de lo que nosotros llamamos leer se reiría".

     El niño no solo tiene que descubrir sino apasionarse mucho acerca del para qué sirven los materiales escritos que lo rodean.
     Debemos pues vivenciar la utilidad de la lectura en la vida y en la realidad del niño.
     Y todo esto para que él tenga la fuerza, y él mismo se motive, a fin de desentrañar por su propia cuenta e iniciativa este conocimiento.
     Para que ello se produzca ha de tener de la lectura y la escritura la idea clara y nítida acerca de la utilidad que se obtiene con ella.

8. Al niño le interesa saber qué logra con la lectura
En un estudio de Waples, Berelson y Bradshow, citado por Ralph Staiger en "Caminos que llevan a la lectura" se precisan los móviles tanto personales como sociales que incitan a una persona a leer. Ellos son:

a) El efecto instrumental, como por ejemplo: conocer mejor un problema práctico y adquirir una mayor competencia en lo que se requiere para resolverlo.
b) El efecto de consolidación, como por ejemplo: reforzar una actitud o adoptar otra distinta ante temas que se debaten y discuten.
c) El efecto estético, como por ejemplo: tener una experiencia de agrado y placer gracias a una obra literaria.
d) El efecto desahogo, como por ejemplo: mitigar las tensiones al leer algo que ofrece una distracción placentera.

En síntesis, sirve:
1) Para resolver un problema.
2) Para informarnos sobre una situación.
3) Para comunicarnos.
4) Para obtener gozo y placer.

9. La escritura como medio de conservación
Se enfatiza mucho en la función de leer como algo vinculado a la función productiva, práctica y hasta administrativa. Y se idean métodos y técnicas para cualificar más y mejor este sentido.
     Sin embargo, el hombre que lee verdaderamente lo hace por otras razones: a fin de explicarse aspectos importantes de la vida, o bien para conocer aspectos ocultos o inéditos de la realidad, o del hombre mismo. O para descubrir su personalidad.
     Incluso, las razones por las cuales se leen se emparentan más con el mundo onírico, o de los sueños. O para deambular por los reinos infinitos de nuestro mundo interior.
     Por ejemplo, al niño le seduce y maravilla constatar que en el texto escrito las palabras no cambien, que todo aquello que afecte directamente en su vida no se transforme en otra cosa, que estén siempre allí, que sean las mismas, que ellas estén fijas como pruebas tangibles de lo imaginario, como constataciones firmes de aquello que es fugaz y quimérico.
     Y la atracción que sienten por conocer esos vestigios de lo fantástico es enorme.
     Esto es, la escritura como medio de conservación, en donde se pueden depositar y guardar ideas, sentimientos, vivencias, datos, que hacen la memoria de la humanidad en resguardo de las limitaciones del espacio y del tiempo reales; siendo, de otro lado, éste un factor clave para el progreso humano.

10. Para jugar y guardar secretos
De aquí se desprende algo crucial:

     Que la lectura no sirve lo mismo para el adulto que para el niño. Esta es la gran brecha, la falla, la separación y la diferencia que nos hace mucho daño.
     Lectura para el adulto significará, por ejemplo, informarse, o adquirir prestigio profesional incluso; algo útil para hacer negocios.
     Para el niño predominará el mundo de la fantasía, del juego, de la diversión, del paseo, del chiste, del secreto y hasta el mundo fascinante del poder.
     Hay entonces notables diferencias en la motivación que tienen los adultos con respecto a la que tienen los niños en relación a la lectura.

     En consecuencia, no apliquemos modelos ni esquemas generales, descubramos más bien qué inquietud e interés puede significar la lectura para cada niño en particular.
     En dicha perspectiva, y pensando la lectura en relación al niño, ella sirve para esclarecer todo aquello que afecte directamente en su vida afectiva. He aquí algunas pistas:

En relación al niño, ella sirve:
a) Para no olvidar lo que se vive. (Función vital o vivencial del lenguaje).
b) Para comunicarse con los demás. (Escribir cartas, por ejemplo).
c) Para escribir hechos hermosos y encantadores. (Lectura y narración de cuentos).
d) Para guardar secretos. (Las confidencias en los diarios íntimos).
e) Para jugar. (Adivinanzas, nonsenses, jitanjáforas, chuzas, glosolalias).

11. Ubicar la lectura como un aspecto de la cultura humana
Para poder hacer que el niño lea espontáneamente otro aspecto importante es ubicar y comprender la lecto-escritura como un aspecto instalado en el ámbito de la cultura de los pueblos.
     Consecuentemente no es favorable conceptuarla como un problema meramente educativo o pedagógico siendo más bien un asunto inherente a la condición humana, cual es de ser un hombre pleno y cabal sobre la tierra.
     No debemos entonces confinarla a la escuela, ni esperemos que sea la institución educativa la que se encargue exclusivamente de resolver los problemas que le son inherentes.
     Quizá la escuela en parte tenga que encargarse de su desarrollo pero su naturaleza y dimensión es muy grande como para que la reduzcamos al horario lectivo.
     Es la interacción de factores internos y externos a las personas lo que incita a leer.
     Y así como el lenguaje es un producto cultural, igualmente la lectura y escritura lo son.
     Es en ese campo entonces donde hay que favorecer el proceso constructivo de la lectura y de la escritura, creando un ambiente alfabetizador y situaciones que permitan la interacción con la lengua escrita.
     Y aquí vale la pena pensar en el enorme rol o papel de la literatura infantil en favorecer una relación óptima con la lectura y escritura.

12. Conversación y contacto con Dios
Porque quien no adopta la lectura como una actividad permanente se pierde la posibilidad de desarrollar su destino sobre la faz de la tierra.
     Porque quien no sabe leer un libro no sabe leer la vida, la realidad, las personas, el mundo.
     Quien no sabe leer de modo frecuente no comprende ni el presente, ni el pasado, ni el futuro.
     Será una persona limitada, no hábil y hasta inepta para construir significados en toda situación.
     Quien no adopta la lectura como una realización continua será una persona con algunos esquemas básicos, muy simples pero sin la capacidad de renovarse ni enriquecerse paulatinamente.
     Porque más que hijos de los padres que tenemos o hemos tenido, somos hijos de nuestras lecturas y de los libros que hemos leído.
     Ellos han formado y forman de modo inacabado nuestro ser y nuestro espíritu, ellos son nuestros progenitores.
     Ellos nos han dado no sólo una casa sino un mundo íntegro, vasto; con caminos, posadas, castillos; con pueblos, villas y ciudades; con ríos que crecen y lagunas que se amplían; con tierra fecunda que cultivar, con lluvias y climas diversos; con mares y océanos infinitos para navegar.

*Fuente: http://i-elanor.typepad.com/casadelarbol/2009/04/motivar-a-leer.html

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