20 de septiembre de 2010

Motivando a leer (1a parte)

Uno de los principales objetivos del Club Sácale Jugo a la Lectura es motivar a niños, jóvenes y adultos para que vivan el placer de la lectura.

En notas anteriores hemos dado a conocer diversos puntos de vista, así como consejos, de especialistas sobre las diferentes formas de acercar a los niños a los libros. Métodos que en mucho casos resultan muy útiles. Por esta razón, seguiremos dando a conocer diversos puntos de vista relacionados al tema.

La lectura es necesaria para un desarrollo y una maduración intelectual. El gusto por la lectura abre nuevos mundos, amplía el vocabulario y el conocimiento, además de que ayuda a mejorar en cualquier aspecto de la vida personal.

La lengua es el camino para comunicarse, expresar una identidad cultural, plantear una forma de pensar y darle sentido a las cosas. Mientras más se lea más se aprenderá a entender y explicar la vida.


El sitio La casa del árbol publicó el artículo: "Motivar a leer"; en el Club Sácale Jugo a la Lectura nos permitimos reproducirlo a continuación:

Motivar a leer*

1. La motivación a la lectura

En el dominio y aprendizaje de la lectura una serie de problemas secundarios han secado los tinteros, enclaustrando la discusión en temas peculiares y curiosos, como: la "edad correcta, adecuada y científicamente apta" para aprender a leer, el tipo de letra para hacer que este proceso se realice, o cuándo pasar o saltar de la letra script a la ligada, o cuáles son los saberes previos, condiciones o pre-requisitos para el inicio de la decodificación; o bien si partimos de la letra o la silaba, de la palabra o la frase, de la oración o el párrafo, del texto o del contexto.
Todos estos son detalles, aderezos pero no la sustancia principal de este suculento potaje que es la lectura y escritura. De allí que en el proceso de su aprendizaje se proponen actividades áridas, duras y amargas. Y hasta crueles, en donde el niño fracasa muchas veces.
¿Qué fuerza será capaz de atraerle tanto que vuelva a intentar atravesar y superar esas dificultades? ¿Qué interés mayor será aquel que lo aliente a pugnar por entender o comprender lo que hay detrás de esos barrotes que son las letras?
Sólo puede ser ese paisaje y ese universo prodigioso que, ojalá que él sepa con claridad que están más allá de esas dificultades que se le presentan en el dominio de la decodificación.
Y en ese "ojalá que él sepa" está el meollo de nuestro planteamiento.

2. Propiciar experiencias de interés por el libro y la lectura

Un niño cruza una valla o un cerco por el atractivo o el interés de lo que hay dentro; se atreve a pasar un túnel por el paisaje y la luz que irradia desde el otro lado de la galería.
Pero nosotros nos proponemos enseñarle a leer y escribir sin importarnos si tiene o no tiene interés en ello. De allí que la mayor importancia lo tiene este aspecto, el mostrarle el sentido y el fin, si es que nos atrevemos a repetir, sin que se nos ruborice las mejillas, que el centro y el protagonismo de todo el proceso educativo es el niño.
No podemos pretender que éste aprenda algo a lo cual no le brinda mayor sentido ni interés. Por eso, anterior al proceso de su alfabetización el niño ha tenido que comprender, intuir y ser atraído hacia la lectura.
De allí que la mejor manera de iniciarlo y dar el primer paso en esta conquista es el poder de fascinación y atracción que la palabra escrita puede tener para él antes del proceso de su alfabetización. De allí que el énfasis que hay que poner es en la motivación.
Ello se consigue propiciando por eso experiencias en donde despertemos el interés por la lectura y el libro, en donde entender qué prodigalidad encierra la escritura de la palabra es vital.
Seamos lo suficientemente dedicados a presentarse al niño esa luz y ese paisaje que hay al otro lado de la cortina, a fin de que él con sus propios medios descubra y conduzca su propio proceso de aprendizaje, asistido por el maestro.
Para que la lectura se produzca de manera natural hace falta encender los motores, la energía del propio niño. Y no jalarlo desde adelante ni empujarlo desde atrás, sino ir al lado suyo o instalarse dentro de él.

3. Niños suficientemente motivados

La motivación, como etapa fundamental del proceso de adquisición de la lectura, no ha sido tomada como importante ni en serio porque hasta ahora predomina en la concepción educativa, dominante en la mayoría de países, la corriente conductista que solamente reconoce conductas observables, medibles y evaluables.
En un modelo empresarial de la escuela no hay que suscribirse a ese pensamiento sino que él se respira, para lo cual basta acercarse a una institución educativa y más aún ingresar a un aula de clases.
El conductismo se basa y toma en cuenta las relaciones entre variables de estímulo y de respuesta sin presuponer construcciones internas explicativas. El campo de la motivación tal cual como lo venimos considerando entra en los factores que dicha concepción no acepta y recusa, por considerarla vestigio del mentalismo.
Y esta manera de concebir la vida afecta más a la Educación Inicial que abarca la edad en donde se vivencia lo esencial, entre otros aspectos: motivar. Y lo esencial en lectura es el asombro, el placer, la creatividad y estos contenidos son propicios que se descubran y vivan más que tratar que se demuestren. Y menos de que se aprendan.

Porque es entre los tres a los cinco años la etapa clave para cimentar en el niño un magnífico comportamiento lector. Es en esta etapa que sus vivencias en torno a la lectura son los elementos definitorios en su posterior asunción a este poder ser, estar, hacer y conocer, saberes que los reúne y sintetiza la lectura.
Ante ello el método es lo que menos importa cuando se ha despertado un verdadero interés en el niño por leer, cuando éste ha descubierto los universos fantásticos que hay escondidos debajo o detrás de las letras. El querrá entonces desentrañarlo y querrá hacerlo con sus propios medios.
Un niño con una inteligencia normal puede aprender a leer por cualquiera de los métodos. Normalmente no hay ningún niño que no pueda aprender a leer por alguno de los métodos si es que está suficientemente motivado.

4. Hacer arder los fuegos de la alegría

Encender al niño de entusiasmo, ése es el gran problema de la educación.
Encontrar la cerilla y la combustión con las cuales él se encienda y entonces sea impulsado con sus propios motores, como una nave que sube al espacio interestelar, ¡ese es el quid del asunto!
Al motivar a la lectura hay que "hacer arder –como decía Apollinaire– los fuegos de la alegría."
Los maestros casi siempre presionamos desde dentro y terminamos arrojándolos hacia fuera. O con sogas intentamos jalarlos. O con dardos y piedras intentamos que el niño camine hacia delante. O con resondros y conminaciones que vaya por donde nosotros no fuimos capaces de ir, con el castigo de la nota y frecuentemente con la falsa palabra dulce que intenta premiar.

Cuando nosotros les acercamos o aproximamos convenientemente a la lectura es como si dejáramos que una voz interior sea la encargada de guiarle al niño por esas travesías imaginarias extensas y elevadas en las cuales van buscando el camino de su propia realización.
Las “situaciones de educación” con los niños tienen que ser explosivas, de aguda imaginación, de suma gracia.
Desde el principio se trata de aprender a "leer de veras", es decir plenamente, asuntos de verdadero interés para el niño, cargados con lo que él valora y ama tanto: "la vida". Con textos que le lleven a lo hondo del alma, que lo colmen de admiración y maravilla por el mundo.
¡Allí radica y reside en realidad la clave de todo lo que hay que obtener en la lectura!

5. ¡El interés presente!, he ahí el gran móvil

Activar experiencias, tocar fibras sensibles, poner en movimiento neuronas dormidas pero estallantes en el fondo de la conciencia; dar o propiciar pulsiones, ¡ése es el secreto!
El niño al leer tiene que sentir que aquello le habla, que en ello hay una repercusión personal muy grande para su vida, con lo cual él puede establecer un estrecho contacto total, decisivo y de vida y muerte.
Esto es la base para que él encuentre en la lectura una manera de escuchar voces profundas que repercutan intensamente en su vida.
Y de este modo lograr que los niños lean como caminan. Es decir: es asombroso pero se presenta de manera natural.
Y ello se alcanza cuando la decodificación del signo lingüístico es un sub producto o un resultado de una adecuada motivación hacia la lectura que podamos hacer con el niño en el proceso de su alfabetización.
Esta es una idea que ya la exponía Rousse au, cuando insistía que lo esencial en el aprendizaje de la lectura no reside en la calidad del método sino en la motivación profunda del alumno:
Al respecto él escribió lo siguiente:
"Locke quiere que el niño aprenda a leer con datos. ¿No es esa acaso una feliz invención? ¡Qué lástima! Un medio más eficaz que todo eso, y que siempre se olvida, es el deseo de aprender. Infundid al niño ese deseo, y dejad vuestros escritorios y vuestros datos de lado, cualquier método será bueno para él. ¡El interés presente! he ahí el gran móvil, el único que conduce lejos y de modo seguro".

6. Actividades más que lecciones y teorías

Toda acción educativa provocará indiferencia y hasta rechazo si es que los sujetos a quienes se dirige no han percibido cuál es el sentido de dicho conocimiento.
De allí que para que algo sea adoptado y querido lo primero es crear expectativas y luego propiciar la búsqueda de dicho conocimiento a partir de la iniciativa del propio niño.
El debe formularse buenas, grandes y raigales preguntas acerca del ser de la lectura que no debe dejar su condición de zona mágica, de bosque encantado, de reino de todas las voces, de paraíso de todas las fábulas. Lugar de origen y matriz de donde hemos venido. E, incluso, su condición de útero materno.

El objetivo central y luminoso a edificar, o construir el propio niño, es dar respuesta vivencial, inquietante, volitiva a la pregunta: ¿Qué sentido tiene leer y escribir?
Ello no como una acumulación o un hallazgo conceptual. Tampoco como una noción o definición teórica, sino como una emoción y hasta como una pasión.
Con los niños se necesitan actividades más que lecciones o teorías. Actividades estimulantes que revelen el para qué del lenguaje escrito.
Y es el estímulo aquello que nos engendra una necesidad, que es a la vez aquello que nos conduce o nos propicia a realizar una actividad.

Advierte Jean Piaget, que:
"El funcionamiento de la inteligencia (operaciones) está mas estimulado cuando los problemas presentados por la realidad son más variados y más interesantes".

*Fuente: http://i-elanor.typepad.com/casadelarbol/2009/04/motivar-a-leer.html

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