9 de agosto de 2010

Para acercar los niños a los libros

¿Cuál será la forma correcta para acercar a los niños y jóvenes a la lectura? ¿Se debe continuar con los métodos hasta ahora practicados? ¿Qué debemos tomar en cuenta sobre la personalidad de los niños de hoy para despertar su interés? ¿Qué tipo de lecturas son las que les gustan?



Es importante que como adultos intentemos ponernos en el lugar de los chicos de "hoy" para descubrir el modo preciso en que una lectura les puede interesar. Desde la forma narrativa, más directa, hasta temas más acordes con la época en que están viviendo. El lenguaje, la forma, las ilustraciones son importantes, pero también nuestra manera de acercarlos a la literatura, lejos de esa idea intelectual y aburrida que tienen de los libros. También es recomendable comprender el contexto en que se desarrollan para conocer las herramientas con las que pueden acercarse más a la literatura.


En el siguiente artículo publicado en La Gaceta se analizan diversos aspectos que nos pueden ayudar a encontrar una forma más precisa para acercar a la nueva generación a los libros.

¿Qué tipo de lecturas necesitan y buscan nuestros niños y jóvenes? ¿Qué formas y métodos se pueden utilizar para acercarlos a los libros tomando en cuenta la tecnología que utilizan? ¿Qué aspectos de su personalidad se deben considerar para entender qué es lo que buscan y necesitan?

Aquí el artículo:

¿Cómo puede despertarse el interés de los chicos?*

¿Por qué los niños, hoy, no leen? ¿Qué lecturas tienen a su alcance? ¿No los atraen los libros —por la tele, por la compu— o hay otras razones? ¿Por qué algunos libros para niños tienen millares de lectores? ¿Esto demuestra que hay libros y libros y que los chicos leen lo que les gusta? Es para pensarlo ¿No…?

Hay libros caratulados "para niños", cuyos autores no se han despojado de su condición de adultos. Y esta, a nuestro juicio, es una de las grandes fallas de la literatura infantil. Creemos que para que el niño se "enganche" con un libro, el autor tiene que pensar como niño, con su manera de ver y sentir el mundo, sus deseos, sus carencias, sus ensueños; en síntesis, meterse en el interior del niño.

Pensemos en algunos cuentos de Juan José Hernández escritos no precisamente para niños, pero con personajes infantiles sentidos, vividos y creados desde el interior del chico, con su inocencia, su ternura, sus perversidades, su irresponsabilidad, y lanzados como seres vivos, no como figuras de novela. Buen ejemplo para la creación de personajes en la literatura infantil.

Para despertar el interés del niño deben tenerse en cuenta algunos factores insoslayables:

1.- Sus estructuras mentales, su idea del mundo, de las cosas; el animismo.
Todo lo que el niño ve en el mundo exterior está impregnado de su propia imagen; y las cosas, llenas de comportamientos humanos. Podemos encontrar ejemplos en sus juegos.

2.- Las diversas energías que lo habitan, decisivas para la formación de su carácter.

3.- El sentimiento, con su doble filo, y cuyo manejo depende de la familia y de la sociedad. Si esos sentimientos se abonan con afectos, ternura, solidaridad, buenos ejemplos, los resultados serán positivos, pero si se los hiere con agresiones, violencia, corrupción, etcétera, la escuela recibirá a un niño perturbado, y la sociedad un ser negativo que descarga sus tensiones con efectos devastadores.

4.- La imaginación creadora, una de las facultades predominantes en los niños, en especial de los más pequeños, y que ha de servirles siempre, inclusive en sus actividades de adultos.

El libro puede ser un compañero, un refugio, una puerta de escape. ¿Cuántas familias hay con problemas de diversa índole? Y es en estos casos en los que la imaginación puede usarse como paliativo, ¿Y el instrumento que la impulse? Quizás uno de los más efectivos, el cuento, junto con el juego, de alto valor formativo.

¿Qué características debe tener ese cuento? Dos principales:

A.- Su historia, aunque fantástica, verosímil.

B.- Su estilo: al chico no le gusta el lenguaje "armado" y quiere verse él, con el lenguaje cotidiano, reflejado en esa historia que le leen o le narran.

¿Y qué pasa con el niño de hoy, con respecto a la historia y al estilo? El niño de hoy ha enriquecido su mundo, principalmente por dos vías: la informática y la TV. Planetas con monstruos agresivos. Jefes de galaxias violentos, desalmados, llenos de apetitos de poder. Efectos especiales que deslumbran, incentivan la imaginación y muestran incontables formas de violencia.

¿Qué puede hacer el libro para paliar esos efectos y sanear esa didáctica?

Partamos de una base: el niño es siempre niño, tomemos del cine y la TV actuales, lo útil; lo reciclemos. Pensemos en los libros de gran éxito: han elaborado la fantasía, ingrediente sine qua non, sin descartar la tecnología, al contrario, pero dándole un viraje hacia lo sano.

Es decir, aun conscientes de que tal vez los niños de hoy son quienes usarán cosas como el I-Pad para leer (no obstante la velocidad de la tecnología, creemos que no le será fácil imponerse rápidamente a la milenaria tradición del libro de papel), desde aquí proponemos, entre muchas otras posibilidades para incentivar la literatura infantil, volver a la figura de la abuela, que lee o cuenta cuentos: organicemos grupos de abuelos (buena actividad para algunos jubilados) que lean cuentos en los comedores infantiles, en los clubes de barrio, en las bibliotecas populares, etcétera; y así, la literatura irá ganando espacio y el niño adquiriendo el hábito de la lectura.

No estaría mal tener presente el poema de María Elena Walsh: Quiero cuentos, historietas y novelas / pero no las que andan a botón. / Yo los quiero de la mano de una abuela / que me los lea en camisón.

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