2 de marzo de 2010

La lectura desde la cuna

Nunca es tarde para tomar un libro y comenzar a leer. Para llenarse de las palabras y crear el hábito. Siempre se está a tiempo de tomar la decisión y elegir alguna de las formas disponibles para acercarnos a la lectura.

Los libros siempre estarán dispuestos a encontrarse con nosotros para contarnos alguna historia e ilustrarnos con toda la información que guardan en sus páginas.

Sin embargo siempre es bueno crear este hábito desde una edad temprana. Pues, como ya hemos dicho antes, es más probable que si motivamos a los niños a leer sean estos en un futuro adultos lectores. Es importante leerles en voz alta, y compartir con ellos el espacio de un buen libro. Lo mismo, según expertos, mientras permanecen aún en el vientre de la madre.

El artículo que presentamos a continuación fue publicado en el Observatorio Cultura Veracruz, y hace una buena reflexión a cerca de la importancia de promover la lectura desde la cuna.

Leer desde la cuna
Lourdes Hernández Quiñones

Si bien cada vez se extiende más la convicción en torno a la necesidad de leer libros a los más pequeños en voz alta, también es verdad que hay otros especialistas que aseguran que conv
iene contar cuentos e historias a los futuros bebés, desde el embarazo.

Así, se llevan a cabo desde hace algún tiempo programas de gran relevancia que se ocupan del asunto de la lectura con los recién nacidos y sus padres o familiares más cercanos: en Bogotá, Colombia, existe un proyecto independiente llamado Espantapájaros que cuenta con su bebeteca y más cerca, en Xalapa, Veracruz, tenemos a la biblioteca Bunko Papalote en donde también se trabaja con los niños que apenas llegaron a este mundo y con público infantil de diversas edades.

¿Por qué este interés de fomentar la lectura desde la cuna? Existen razones de peso relacionadas con el desarrollo de habilidades que serán de utilidad para el proceso e
ducativo futuro de los infantes, como son el aprendizaje de la direccionalidad de la lectura, el desciframiento de símbolos, la capacidad de escuchar y comprender de mejor manera. A la par, hay otros asuntos más complejos que tienen que ver, por un lado, con el proceso de socialización del niño, y por otra parte, con la construcción y defensa del espacio poético y el valor que se otorga a la palabra. Esto último constituye la parte medular. La escritora argentina Graciela Montes, en su libro La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético(1)rememora las tardes que pasaba con su abuela, siendo muy pequeña, y recuerda su fascinación y asombro al escuchar los cuentos que la abuela le narraba, muchos de ellos inventados y otros mezclados con leyendas e historias de tradición oral. Montes dice que entonces, el tiempo transcurrido parecía estar hecho de otra materia, era más lento, era ese espacio poético que construían y compartían ella y su abuela, eran un tiempo y un espacio propios en la frontera indómita, en el espacio poético. A partir del fuerte lazo que tejieron ella y su abuela, la palabra ocupó en sus vidas siempre una parte fundamental, por la posibilidad de entrar al mundo de la ficción y la imaginación, y principalmente, por lo que significarían más tarde esos momentos regalados en la intimidad y el cariño.

La promotora de lectura y responsable de la Bebeteca Espantapájaros, en Bogotá, Colombia, Yolanda Reyes (2), asegura que el acercamiento a la lectura debe emprenderse desde el comienzo de la vida. El niño a través de otras personas que le leen el mundo se da cuenta de que las palabras son etiquetas mágicas y sonoras-dice Reyes. Éstas cambian, tienen ritmo, sirven para dormir cuando son arrullos, para acompañar o curar el dolor. De esta manera el niño, durante su primer año de vida, a través la palabra que escucha fundamentalmente de labios de la madre, va encontrando sin saberlo, la esencia de la poesía: las sonoridades, la
s repeticiones, la posibilidad de otorgar a las palabras otros valores, otros significados.

El español Paco Abril (3), también promotor de lectura, dice que si a un niño no se le permite entrar en el mundo de lo imaginario, nunca llegará a asumir la realidad. Además-señala Abril-los cuentos para los más pequeños son una necesidad vital y producen un efecto consolador.

Los tres especialistas coinciden en la importancia de leer y contar cuentos a los niños desde el primer mes. Se familiarizarán con la palabra y, además, se fortalecerán lazos afectivos fundamentales para la transición del mundo íntimo al mundo exterior. Por supuesto que un niño con estímulos lectores a temprana edad, vivirá la experiencia lectora como algo natural y cotidiano.

¿Por qué, entonces, las autoridades educativas se han ocupado tan poco de este asunto, cuando ya existe un sistema de educación inicial a través del cual podría reforzarse la promoción de la lectura desde los primeros meses? En este sentido quizás mucho ayudaría tener en cuenta la transversalidad de la experiencia cultural, es decir, ¿por qué no junto con el sector salud, se implementa en el tiempo que la madre tiene para amamantar a su bebé, unos minutos para que la madre también le lea?

(1) Graciela Montes, La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético, Colección Espacios para la Lectura, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.

(2)Yolanda Reyes, Yo no leo, alguien me lee… me descifra y escribe en mí, Colección Lecturas sobre Lectura, Conaculta, México, 2003.

(3)Paco Abril, La literatura infantil desde antes de la cuna, Colección Lecturas sobre lecturas, Conaculta, México, 2003.

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