Instalan el Consejo de Fomento a la Lectura y el Libro

Después de que el pasado 6 de marzo se publicó en la gaceta oficial la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro del Distrito Federal, ayer 29 de junio quedó constituido el Consejo a través del cual se pondrá en marcha.


El Consejo contará con la participación de editores, académicos, escritores, libreros, instituciones promotoras de lectura y funcionarios de la Secretaría de Cultura del Gobierno del D.F. Esto con el fin de impulsar la lectura en la capital del país, contribuir a erradicar el analfabetismo, aportar elementos para elevar la calidad y el nivel de la educación, así como para apoyar a los habitantes con vocación de escribir y formar nuevos lectores a través de políticas, programas, proyectos y acciones que generen interés en el libro.

También se anunció para el 28 de julio, la realización de un encuentro de fomento a la lectura, y otros proyectos, entre ellos la emisión de una tarjeta que permita a los alumnos de las preparatorias dependientes del gobierno capitalino acceder a productos culturales, desde libros hasta conciertos.

“Más que regalar libros y realizar acciones de acercamiento a los textos, hace falta revalorar los programas que ya se llevan a cabo en la materia, para formar una nueva generación de lectores con gusto por todo tipo de materiales literarios”, señaló la titular de Cultura, Elena Cepeda de León.

Lorenzo Gómez Morín, de la Fundación Mexicana para el Fomento a la Lectura e integrante del Consejo, confió en que este cuerpo colegiado pueda contribuir a constituir un nuevo argumento en favor del libro, porque la lectura no es solamente un asunto personal, sino estratégico. Tiene en sí misma un beneficio social indiscutible.

Parte del Consejo de Fomento para la Lectura y el Libro del Distrito Federal está conformado por los editores Marisol Schultz y Miguel Ángel Porrúa; los escritores Ignacio Solares y Hernán Lara Zavala; Marcial Fernández, representante de la Alianza de Editores Mexicanos Independientes (AEMI); Alejandro Ramírez Flores, de la Asociación de Libreros de México; Arturo Ahmed Romero, del Instituto para el Desarrollo Profesional para Libreros, INDELI; la escritora Rosa Beltrán, de la Dirección de Literatura de la UNAM, y Gerardo Jaramillo gerente Comercial del Fondo de Cultura Económica.

El Consejo estará presidido, como marca la Ley, por el Director de Fomento a la Lectura de la Secretaría de Cultura, Eduardo Clavé Almeida, e integrado por todos los involucrados en el proceso de lectura, fomento y publicaciones: asociaciones de fomento a la lectura, como IBBY-México, la Fundación para el Fomento a la Lectura A.C. y la Fundación SM, México, representados por Azucena Galindo, Lorenzo Gómez Morin Fuentes y Elisa Bonilla, respectivamente.

También por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) representada por Carlos Espino; asociaciones de escritores, como Escritores en Lenguas Indígenas, A.C., que encabeza Martín Rodríguez Arellano, y por el ámbito académico, Emilia Ferreiro, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) y Elsa Margarita Ramírez Leyva, de la UNAM, especialistas en fomento a la lectura.

Además integran el Consejo los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Edith Ruiz Mendicuti, presidenta de la Comisión de Cultura, y Octavio Guillermo West Silva, presidente de la Comisión de Educación.

Si quieres conocer completa la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, visita la siguiente liga: http://www.asambleadf.gob.mx/is52/010803000113.pdf

Marcos Almada Rivero ilustrador de Copo de Algodón

Copo de Algodón es una de las novedades de Ediciones El Naranjo, escrita por María García Esperón e ilustrado por Marcos Almada Rivero.

Sobre esta novela García Esperón ha comentado lo siguiente: "Escribí esta novela
para buscar el rostro de una gran desconocida, la joven princesa azteca que es una de las fundadoras de la mexicanidad". Sin embargo, ¿qué fue para el ilustrador de este nuevo libro darle vida en imágenes a Copo de Algodón?



La propia autora de la novela conoce la importancia del trabajo de los ilustradores, y de su visión sobre la obra del escritor. La mayoría de las veces no se conocen en persona, y es únicamente el editor quien interactua tanto con el ilustrador como con el autor. Por esta razón María García Esperón decidió acercarse al ilustrador de su nueva novela Copo de Algodón, y realizarle una entrevista que ha publicado en su blog y que nos permitimos reproducir a continuación:

Marcos Almada Rivero: Un explorador de la imaginación*

"Desde el inicio tuve muy claro que su rostro
debía mostrar cierta melancolía y tristeza
por ser testigo de la desaparición de su mundo".



Marcos Almada Rivero es un joven ilustrador mexicano. Ediciones El Naranjo le confió la ilustración de mi novela Copo de Algodón y con ella una serie de retos. Es también escritor y poseedor de un universo cultural sumamente rico y de una manera particular de redimensionar la Historia y el pasado, como se verá en el curso de esta entrevista diálogo que sostuvimos en la última semana de junio 2010, en los días previos a la aparición en la escena de la literatura infantil y juvenil mexicana de esta historia que mira la Conquista de México a través de los ojos de su protagonista: una niña de nueve años, que fue la hija favorita del emperador Moctezuma y que se llamó Copo de Algodón. (MGE)


Marcos, he leído que de niño querías ser paleontólogo y arqueólogo. Esto suena muy aventurero. ¿En qué momento tu Indiana Jones decidió dedicarse a la aventura de la ilustración?

Creo que la mayoría de los niños nacemos siendo aventureros, está en la esencia de la infancia ser curioso e indagador. Desafortunadamente con la llegada de la vida adulta, esta inquietud se va deslavando en la mayoría de las personas. En mi caso, mi Indiana Jones sigue presente, solamente que ha cambiado su látigo por una pluma y un lápiz. Para mí, la búsqueda del tesoro está muy presente en mi profesión; no es un objeto dorado ni una reliquia religiosa sino una buena idea, una imagen memorable o un pequeño esbozo de inspiración lo que un creativo anhela con vehemencia.
Supongo que me he vuelto más bien un explorador de la imaginación.

Como autora, tengo curiosidad grande por saber lo siguiente: ¿Cómo fue tu primera lectura de Copo de Algodón? ¿Qué imágenes se te venían a la mente?

Debo de confesarte que antes de leer tu libro, cuando me informaron que se trataba de una novela situada en la época de la Conquista, me inquieté un poco y estuve a punto de declinar la oferta pues me parece que a la hora de tratar temas prehispánicos, los mexicanos nos volvemos muy solemnes y conservadores, con poco espacio para la creatividad. Me daba un gran temor tener que hacer ilustraciones muy realistas y descriptivas o peor aún, simulando los códices prehispánicos.

Temía también que la novela tuviera una perspectiva conservadora que glorificara engañosamente el pasado indígena y que el lenguaje fuera rebuscado y poco amigable con los niños y jóvenes. Sin embargo, me llevé una muy grata sorpresa desde que leí la primera página y la historia resultó ser de aquellas pocas en las que uno no puede dejar de leer, me leí el libro de una sentada.
Esto gracias a que la historia está contada de forma auténtica y original, sin caer en estereotipos y lugares comunes lo cual un ilustrador -así como cualquier otro lector- agradece profundamente.
Cuando leo un texto por primera ocasión trato de bloquear mi propia imaginación, para que ésta no se mezcle con lo que estoy leyendo. Así que las imágenes me fueron surgiendo hasta una segunda lectura. Antes de crear imágenes busco encontrar el estilo de la ilustración, uno que vaya acorde al propio estilo de la narración, ese, para mí, es el mayor reto del ilustrador.

¿A qué elementos recurriste para dar rostro a Copo de Algodón?

Esto aparentaría ser muy difícil pues no encontré ningún registro gráfico del rostro de Tecuixpo, por lo que no tenía referencia alguna, sin embargo esto más bien se presentó como una oportunidad pues así tenía más libertad para crear. Estuve haciendo varios bocetos y Ana Laura Delgado me iba señalando lo que funcionaba y lo que no. Desde el inicio tuve muy claro que su rostro debía mostrar cierta melancolía y tristeza por ser testigo de la desaparición de su mundo. Al mismo tiempo, debía de reflejar inocencia y dulzura, pues ella fue simplemente una niña, de carne y hueso y no tan distinta a las niñas que van a leer su historia.

¿Cuál o cuáles son tus personajes históricos favoritos de entre los que aparecen en la novela?

Creo que cada personaje tiene una función muy clara en la historia y me cuesta trabajo escoger a alguien, ya que sus roles funcionan a partir de sus relaciones con los demás, es decir que entre ellos se definen. Me llama mucho la atención la pareja de Cuitláhuac y Cuauhtémoc y su función de héroes. Creo que fueron los que tuvieron más claridad y entereza; dieron sus vidas sin chistar y por eso la historia los ha recompensado con su reconocimiento. Curiosamente no hice grandes representaciones de dichos personajes en la ilustración pues estos personajes han sido ya retratados innumerables veces y por desgracia han sido víctimas de la idealización y mitificacion.
Preferí dejar sus imágenes un tanto en la penumbra y permitir que los acontecimientos hablaran por ellos.

Yo pienso que no es posible cambiar el pasado, pero sí la manera en que lo narramos. Tú, que también has querido ser historiador, ¿qué piensas al respecto?

Cada momento histórico es único e irrepetible pues los elementos que conforman la realidad son prácticamente infinitos. Los historiadores tienen que hacer filtros y decidir cuales son los momentos, personajes y acontecimientos que se consideran más relevantes, de lo contrario tendríamos una saturación de información y datos. El problema es quién decide lo que fue importante y en qué nicho lo colocas. En otras palabras, ¿cómo decidimos quién fue el villano, quién fue el héroe, qué acontecimiento es el que se va a contar una y otra vez en las escuelas y cuál es el que va a quedar en el olvido? A veces veo a la historia como a un pequeño grupo de personas, tratando de comprender lo que ya hicieron millones de nuestros antepasados y me parece abrumador y emocionante al mismo tiempo.
Lo más perturbador es la poca conciencia histórica que tenemos los jóvenes mexicanos, pareciera que estamos hipnotizados por el futuro tecnológico y que hemos descartado nuestra historia, lo cual puede ser peligroso; es construir sobre arena pues la historia nos da fortaleza como cultura, como nación y como individuos. Esta novela es un esfuerzo importante para que los jóvenes puedan encontrar sus sueños en la historia, en nuestro pasado que es terrible y hermoso al mismo tiempo.

¿Cuál es tu postura ante este período histórico de la Conquista española, que es uno de los fundamentos de la identidad del mexicano?

Me parece que todos en algún momento nos preguntamos cómo es posible que ciertos acontecimientos se dieran de cierta manera y no de otra. ¿Cómo es posible que cuatrocientos hombres vencieran a millones, en su propio territorio? Incluso hay personas que sienten coraje y resentimiento por el pasado; la verdad es que nosotros somos nuestro pasado, bueno o malo, estamos aquí, precisamente debido a la forma que actuaron nuestros antepasados y es peligroso cuando juzgamos desde nuestra óptica contemporánea.

Al tratarse de una obra artística, es muy difícil ser imparciales pues en cada renglón o en cada trazo, nuestra subjetividad se hace presente. ¿Dónde coloco al personaje? ¿Qué gesto le pongo? ¿Qué personaje omito? Al contestar estas preguntas ya estoy teniendo una postura y un punto de vista. Es muy importante que la opinión del autor no sea impositiva sobre el lector sino que sea una guía para que este pueda a su vez crear su propia opinión.

En este caso intenté reflejar el punto de vista de Tecuixpo y si te fijas en las ilustraciones en que no aparece dicho personaje, la perspectiva es de abajo hacia arriba, como si alguien pequeño estuviera viendo esa escena. Una imagen clave es la del primer encuentro de Moctezuma con Cortés: Tecuixpo aparece en aquel momento tan decisivo y es importante notar cómo una persona tan frágil y pequeña esta justo en medio de lo que será un choque de gigantes. Creo que esta imagen resume la esencia de la historia. En el fondo todos somos un poco como ella ya que nuestra realidad cambió a partir de ese preciso instante.

Tu ilustración está llena de detalles que revelan un conocimiento del mundo azteca. ¿Con cuál o cuáles de ellos disfrutaste particularmente?

Cuando dibujo, me meto de lleno al mundo que estoy tratando de representar, (incluso me he dado cuenta que cuando dibujo animales sin querer imito sus sonidos). En este caso traté de involucrarme con la estética azteca y cosulté decenas de libros y revistas, no sólo las fotografías sino que también leía todo lo que podía. De esta manera mis dibujos son un poco más fidedignos y complementan mejor el texto.

Un ejemplo de esto es la ilustración de Cortés destruyendo una estatua de Tlaltecuhtli: la pieza en que me basé existe y se encuentra actualmente en el museo del Templo Mayor.

Lo curioso es qué respeté la forma en que está quebrada, por lo que añadí un acontecimiento que no aparece textualmente en la novela y que no ocurrió necesariamente en la vida real pero le da profundidad a la narración.
La elección de dicha deidad no es fortuita, me pareció que necesitaba poner lo más opuesto a la imagen de Jesucristo, la religión de Cortés. De esta manera encontré que la diosa del inframundo debió ser de las imágenes más perturbadoras para el conquistador.

Por otro lado, mi intención nunca fe ser demasiado descriptivo pues no se trata de un libro de texto sino de una obra literaria. Los elementos que aparecen en cada ilustración tienen un porqué y nada está simplemente como decoración. Me gusta mucho la imagen de Tecuixpo sentada en su petate, con un juguete en sus manos mientras en el fondo vemos a su padre y a su tío decidiendo su futuro. Ese juguete que sostiene representa precisamente su niñez que está a punto de ser arrebatada de sus manos.

Otra escena importante es la matanza del Templo Mayor; en la imagen vemos a dos indígenas muertos por espadas españolas. Uno de ellos se encuentra recostado sobre el muro del templo y una gran columna de fuego y humo se eleva hacia el cielo, envolviendo al sol, representando así el sacrificio que estos hombres religiosos hicieron por el Dios Tonatiuh, señor Sol.

Marcos, eres escritor e ilustrador, ¿cómo dialogaron en ti estas facetas para dar vida en imágenes al mundo de Copo de Algodón?

En este caso que solamente colaboré como ilustrador, dejé totalmente de lado mi profesión de escritor. Busqué enamorarme de tu texto y lo logré. En ningún momento desee quitar ni poner texto.
La ventaja de tener experiencia en ambas disciplinas es que sé que la imagen siempre debe de aportar algo al texto. No tiene ningún mérito repetir con imágenes lo que ya está dicho con palabras sino darle profundidad a éstas para que su eco retumbe en la mente del lector. Espero haber logrado un poco de esto con tu texto.

Y por último, ¿qué sentimientos experimentas al saber que tus ilustraciones forman parte de tantos libros, muchos de ellos dirigidos a los estudiantes?

Pura alegría. Me pone la piel de gallina pensar que niños que viven muy lejos podrán ver los dibujos que hice con tanto entusiasmo en un pequeño rincón de mi casa. Me encanta compartir mis ideas, mis anhelos y mis sueños con los niños pues ellos son los mejores críticos; son personitas muy sinceras y tomo sus palabras muy en serio. Me encanta mi trabajo ya que tengo la oportunidad de hacer los libros que me hubieran gustado tener de niño y de esa manera, por más viejo que me haga, siempre habrá algo de niño en mí.


Del Diccionario de Marcos Almada Rivero:

Libros: son una aventura acechando a un lector descuidado.
Niños: Los seres más inteligentes del universo.
Historia: El océano donde flota nuestro presente.
Tiempo: Dicen que se acaba pero al parecer siempre hay más.
Felicidad: El único tesoro por el que vale la pena dar la vida.

El blog de Marcos Almada Rivero:
marcosalmadailustrador.blogspot.com

Más lectura, menos violencia

En una entrevista con La Jornada Guerrero, el cuentacuentos Gerardo Méndez Pinzón —que participa continuamente dentro de los proyectos del Club Sácale Jugo a la Lectura— comentó lo siguiente: “Menos balas y más libros, ésa es la consigna; con más lectura habría menos violencia”.

Gerardo Méndez Pinzón es licenciado en Teatro y Artes Escénicas, autor, director y actor de espectáculos infantiles y pionero de la narración oral en América Latina. En la entrevista que dio a La Jornada habla sobre la labor de los cuentacuentos, sobre su carrera y las ventajas de promover la lectura entre los pequeños. 

En el Club Sácale Jugo a la Lectura les compartimos la entrevista que le hicieron tras su participación en el Encuentro Estatal de Lectura, organizado por la Secretaría de Educación del estado de Guerrero.

“Menos balas y más libros”, propone el narrador

–¿Qué es un cuentacuentos?

–Un narrador de cuentos es una especie de chamán, una especie de brujo o de juglar que trata, con los recursos que tiene, su palabra y su cuerpo, mantener viva la tradición oral de su pueblo que en México, ya sea por la computadora, el videojuego o por la televisión, se están perdiendo. Eso somos nosotros los cuentacuentos y ésa es nuestra labor fundamental.

Con 25 años de trabajo en el ámbito de éste que es un nuevo oficio que cada vez más tiende a la profesionalización, Méndez Pinzón ha recorrido diferentes partes de Europa y América, desde el norte hasta el sur, con un bagaje de historias con las que hechiza a niños y adultos, a través de no más instrumentos que las inflexiones de su voz, el manejo del lenguaje corporal y del espacio físico, así como con imaginación y creatividad.

Méndez Pinzón explica que un cuentacuentos o narrador oral no es un payaso, ni un actor; “porque contar un cuento no es actuarlo; ni llenarlo de artilugios que distraen de la historia; contar un cuento, es contarlo, narrarlo con la fuerza de tu palabra, de tu voz y tu lenguaje corporal como herramienta, elementos eficaces para acercar a los niños a los libros y a la lectura; sin necesidad de escenografías, utilería y cosas de esas”.

–¿Cómo fue que te hiciste narrador de cuentos?

–Durante muchos años fui actor de teatro; pero en 1990 conocí a un maestro de narradores de cuentos; el maestro cubano Francisco Garzón Céspedes, que vino a México a dar talleres de narración oral y paralelamente tomé otro para la formación de promotores de lectura y me di cuenta de que ambas habilidades son afines y que realmente sirven para acercar a niños y adultos a los libros y a la lectura.

Comenta que el de cuentacuentos es un oficio que poco a poco, gracias al trabajo serio que se realiza y al valor que cada uno de los narradores orales da a su labor, se ha ido profesionalizando; “nos hemos aglutinado en asociación y pugnamos porque se le dé un lugar como a la danza, el teatro, la pintura, porque la narración de cuentos también es un arte que rescata lo mejor del ser humano”.

–¿Y en dónde empieza la tarea del cuentacuentos?

–Nuestro trabajo empieza con la palabra fin o con el y vivieron muy felices. Es ahí que empieza nuestra labor como mediadores o acompañantes de la lectura; y empieza reflexionando acerca de la historia, haciendo algún proyecto con la historia, buscando el vocabulario. Cuando yo cierro el libro, ahí no termina el cuento, pues mi imaginación y mi creatividad comienzan a volar justo en ese instante.

Méndez Pinzón trabaja como freelance y su labor la desarrolla fundamentalmente en escuelas, ferias del libro, museos, bibliotecas, festivales de lectura y en encuentros nacionales e internacionales, gracias a lo cual ha obtenido los más altos reconocimientos en este género, cuyos más grandes obstáculos dice que se encuentran en las autoridades, ya sea estatales o municipales.

Dice con preocupación: “Nuestro principal obstáculo es el escepticismo de ciertas autoridades para apoyar este tipo de proyectos”.

–¿Cuáles autoridades?

–Las que se encargan de los proyectos educativos y presupuestales de los estados o de los municipios; “no creen que esto sea realmente eficaz, eficiente y educativo y aunque pregonan que es importante, que hay que leer; realmente no creen en eso, y el contar un cuento bien narrado, claro que provoca el gusto por la lectura y el amor a los libros.

Méndez Pinzón es también escritor y tres de sus obras se encuentran ya en las bibliotecas escolares o de Aula de la Secretaría de Educación Pública; Los misterios de la abuela, Juan Juanetes y Toribio. Al publicar esta última atravesó todo un viacrucis, pues lo mismo que los libros de poesía, los de literatura infantil tienen que esperar mucho tiempo para su edición, según comentó.

–Has contado cuentos a niños de varias partes del mundo, ¿son diferentes?

–No. No importa si un niño es de España o de La Montaña alta de Guerrero; si es de campo o de ciudad, los niños se siguen encantando con el poder de la palabra; eso lo he comprobado durante todos estos años. ¿A quién no le gusta que le cuenten cuentos?; tan es así (parafraseó a Martha Sastrias) que Scherezada se sirvió de mil y una historias para salvar su cabeza, los cuentacuentos la pierden por contarlas.

Lyman Frank Baum, "El maravilloso Mago de Oz"

¿Quién de nosotros no se fascinó de pequeño con el mundo fantástico que descubre Dorothy Gale, luego de caer inconsciente y de que su casa quedara atrapada en medio de un tornado?

Muchos de nosotros recordamos a la Bruja Buena del Norte y el consejo que le da a Dorothy de viajar a Ciudad Esmeralda para que el Gran Oz, poderoso Mago y gobernante de la bella ciudad verde, le indique lo que debe hacer para regresar a su hogar.


Sin olvidar a los amigos que Drotohy hace en su camino. Un espantapájaros parlante que encuentra en medio de un campo de cultivo, y que se une a ella pues quiere que el Gran Oz le otorgue un cerebro. Un hombre de hojalata que se ha quedado inmóvil, oxidado, cuando una lluvia repentina lo moja por completo antes de que pudiera refugiarse en su casa, y que se une a la aventura pues cree que el Gran Oz le puede otorgar un corazón para poder sentir y amar de nuevo. Finalmente, el impresionante león que encuentran en lo más profundo del bosque y que resulta padecer de una terrible cobardía de la que quiere librarse, por lo que decide acompañar a Dorothy y sus nuevos amigos para pedirle a Oz que le proporcione valor.

¿Cómo no sorprenderse con el viaje lleno de aventuras que emprenden Dorothy, su perro Toto, y sus amigos? ¿Cómo olvidar aquel pueblo hecho de porcelana, a los hombrecillos sin miembros cuya cabeza se dispara como un resorte, al grupo de monos alados que cumplen los dictámenes de aquel que posea el sombrero de oro; o aquellos seres monstruosos que resultan combinaciones de animales diferentes, o aquella ciudad entera donde todos los habitantes deben llevar anteojos verdes?

Sin embargo, ¿qué conocemos sobre Lyman Frank Baum, el autor de esta gran obra?
 
Para que nos enteremos más sobre la vida y obra de el autor de El maravilloso Mago de Oz, traemos el siguiente artículo pulblicado en la revista de literatura infantil y juvenil Imaginaria:

L. Frank Baum

Lyman Frank Baum nació en Chittenango, Nueva York, el 15 de mayo de 1856. Su padre, Benjamin Ward Baum hizo fortuna en la industria petrolera de Pensilvania. Frank, el séptimo de nueve hijos, fue enviado a la academia militar de Peekskill, sin embargo sólo duró allí dos años. En aquella época el periodismo de aficionados estaba de moda y el joven Baum de quince años convenció a su padre para que le comprase una imprenta. Con su hermano Harry publicó The Rose Lawn Home Journal, una revista literaria de cuatro páginas de corta duración. A los 17 años creó un segundo periódico amateur: The Stamp Collector que se ocupaba de la filatelia y un panfleto de 11 páginas: Baum’s Complete Stamp Dealers Directory.

Se inició en los negocios trabajando un año en los almacenes Neal, Baum & Company, pertenecientes a su cuñado. A los veinte años Frank puso en marcha la empresa B. W. Baum & Sons, criadores de aves de pura raza. Escribía artículos sobre la cría de aves en el New York Farmer and Dairyman y editaba el periódico The Poultry Record, de corta existencia. Se especializó en la cría de la gallina Hamburgo convirtiéndose en uno de los principales expertos en dicha raza y publicó un libro sobre el tema.

En 1881, Baum se marchó a Nueva York a estudiar arte dramático y encontró trabajo con el nombre de George Brooks en una compañía de segunda categoría. Su padre le construyó un teatro de la ópera en Richburg (Nueva York). Este teatro no sólo sirvió para que pudiera desarrollar sus dotes actorales sino que también en él se representaron obras escritas por el propio Baum. Pero la Baum’s Opera House abrió el 29 de diciembre de 1881 y fue consumida por el fuego el 8 de marzo de 1882.

Para ese entonces había concluido tres obras de teatro y el día de su vigésimo sexto cumpleaños estrenó The Maid of Arran en Syracuse. Baum no se limitó a escribir la obra, sino que compuso también la letra y la música de las canciones además de desempeñar el papel masculino principal. La obra tuvo un éxito relativo. El 9 de noviembre de 1882 Frank se casó con Maud Gage, hija de Matilda Joslyn Gage, una famosa feminista.

En 1888 Baum y Maud se trasladaron a Aberdeen (Dakota del Sur) donde abrieron un bazar. La descripción de Kansas en el inicio de El Mago de Oz está inspirada en sus recuerdos de las praderas de Dakota del Sur. En 1889 una sequía asoló la región y el Bazar Baum debió cerrar el 1 de enero de 1890. En este mismo año Baum comenzó a editar un periódico local: Saturday Pioneer. Gran parte del periódico era material enlatado de una agencia de noticias, el resto de los artículos era escrito por el propio Baum, abarcando un amplio abanico de temas, desde el espiritismo hasta el sufragio femenino. Muchas de las editoriales también versaban sobre los duros tiempos económicos que estaba atravesando Dakota. Tras la quiebra del periódico en 1891 la familia Baum se trasladó a Chicago donde Frank encontró trabajo en el Evening Post. Sin embargo abandonó este empleo al cabo de un mes y aceptó un puesto como viajante de comercio en la Pitkin & Brooks, una compañía de venta al por mayor de porcelana y cristal.


A esta altura los Baum ya tenían cuatro hijos. Fue en los momentos de reunión familiar cuando surgieron las historias que integrarían sus primeros libros para niños: Mother Goose in Prose (Cuentos de Mamá Oca) y Adventures in Phun(n)iland.

Cuentos de Mamá Oca (1897) fue publicado por la prestigiosa y pequeña editorial de Chicago: la Way & Williams, con ilustraciones de Maxfield Parrish. La editorial sufrió problemas financieros y fue vendida a nuevos dueños, quienes dejaron que el libro se agotase sin reeditarlo.

En 1898 Baum compró una imprenta de pedal para publicar una edición limitada de una modesta colección de poemas: By the Candelabra’s Glare. William Wallace Denslow fue uno de los ilustradores que colaboraron gratuitamente en la publicación.


William Wallace Denslow (1856-1915)

En 1899 Baum y Denslow se asociaron para trabajar en un nuevo proyecto, la publicación de un
libro de canciones infantiles. Denslow hasta el momento no había ilustrado ningún cuento para niños. El libro que Baum y Denslow proyectaban era diferente a los demás libros infantiles de la época. Querían que las ilustraciones fueran en color, y era muy difícil que algún editor estuviera dispuesto a costearlas. Finalmente lograron que la empresa George M. Hill publicara el libro, pero a condición de que los autores pagaran las ilustraciones en color.

La primera edición de Father Goose. His Book (1899), de cinco mil setecientos ejemplares, se agotó rápidamente; y también varias ediciones posteriores.


Tapa de Father Goose. His Book

Hill publicó también The Songs of Father Goose (1900), una selección del libro anterior con música de Albert N. Hall. En 1900 publicó A New Wonderland con ilustraciones de Frank ver Beck. Hill también editó dos libros más de versos de Baum: The Army y The Navy Alphabet (ambos en 1900) ilustrados por Harry Kennedy.

El maravilloso Mago de Oz

Mientras Father Goose. His Book se vendía exitosamente Baum y Denslow ya estaban trabajando en un nuevo proyecto más ambicioso, un cuento maravilloso “modernizado” (1) que inicialmente se llamaría: The Emerald City, pero que luego cambió de título en varias ocasiones: From Kansas to Fairyland, The Land of Oz, hasta finalmente llegar a la imprenta con el título: The Wonderful Wizard of Oz (El maravilloso Mago de Oz). (2)

Sobre el origen de la historia Frank Baum solía comentar:

“Estaba sentado en el perchero del vestíbulo, contando un cuento a los niños, cuando de pronto apareció éste y tomó posesión de mí. Pedí a los niños que me dejaran solo, tomé una hoja de papel que había en el perchero y empecé a escribir. Parecía que se escribiera solo, la verdad. Después, como no tenía papel normal, seguí escribiendo en lo primero que encontré, incluso en sobres viejos.” (3)

En 1899 los autores firmaron un contrato según el cual las ganancias del libro se repartirían en partes iguales. Baum registró los derechos del texto y Denslow los correspondientes a las ilustraciones.


Ilustración de la página de créditos de la primera edición de El maravilloso Mago de Oz. Aunque en el copyright conste 1899 el libro no llegó a registrarse antes de 1900

El maravilloso Mago de Oz salió de la imprenta a fines de mayo de 1900. En octubre la editorial anunció que la primera edición de diez mil ejemplares se había agotado en dos semanas y que la segunda de quince mil estaba casi agotada.


Cubierta de la primera edición de El maravilloso Mago de Oz (1900)

Tanto Baum como Denslow recibieron toda clase de elogios por parte de la crítica. Al parecer había coincidencias en afirmar que El maravilloso Mago de Oz se destacaba notablemente de la mayoría de los libros editados para niños en el momento.

No sólo la historia sobresalía en relación con los demás libros infantiles, sino también la calidad de sus ilustraciones y el cuidado de la edición. Se trataba de un libro de lujo, con veinticuatro láminas en color y más de cien ilustraciones dentro del texto. Como en el caso de Father Goose. His Book, el costo de las ilustraciones estuvo a cargo de los autores. El trabajo de Denslow fue notable y así lo señalan los especialistas:

“Combinaba la claridad del arte japonés con una elegancia en la ornamentación y un control dignos del Art Nouveau. Sus trazos resueltos y sus colores planos y sólidos han debido de ser un bálsamo, después de los acostumbrados dibujos en blanco y negro excesivamente esquemáticos que inundaban gran parte de la literatura juvenil del momento.” (4)


W. W. Denslow (1856-1915)

Dos años después de la publicación del libro, Baum y Denslow se asociaron con el compositor Paul Tietjens y el director teatral Julian Mitchell para la producción de una fantasía musical con el nombre de El Mago de Oz. La obra fue reescrita varias veces y finalmente el libreto tuvo muy poco que ver con el cuento original. Así por ejemplo el perrito Totó fue reemplazado por la vaca Imogene, y Tryxie Tryfle, una camarera, y Pastoria, un operario de tranvía, fueron añadidos como compañeros de Dorothy durante la catástrofe del ciclón. La bruja del Oeste quedó eliminada de la historia y se incluyeron chistes que se referían al presidente Theodore Roosevelt y al magnate petrolero John Rockefeller.

La obra se estrenó el 16 de junio de 1902, fue un gran éxito y duró en cartel nueve años. Según señala Michael Patrick Hearn: “Gran parte del éxito del musical se debió a la dirección de Mitchell y la interpretación del elenco de actores. La música era mediocre y ninguna de las composiciones ha sobrevivido a la obra.” (5)


Cartel publicitario de la fantasía musical El Mago de Oz (1902)

El éxito de la obra teatral de El Mago de Oz redituó económicamente a sus autores (6), pero fue en ese mismo año que Denslow y Baum decidieron dejar de trabajar juntos. Su último libro hecho en colaboración fue: Dot and Tot of Merryland (1901)


Portada de la 3ra. edición del libro Dot and Tot of Merryland (1918)

En 1904 Reilly & Britton editó La maravillosa tierra de Oz, con ilustraciones de John R. Neill (1877-1943), que tuvo tanto éxito como El Mago de Oz. Quedó iniciada de este modo la larga serie de libros de Oz.

Interesado por la incipiente industria del cine Baum produjo una especie de documental de viajes por el país de Oz que combinaba proyección de diapositivas, cine y actores en directo con la lectura de Baum simulando un reportaje, y música en vivo: The Fairylogue and Radio-Plays (1908). Este costoso proyecto lo llevó a la quiebra.

Para sortear su difícil situación económica Baum cedió los derechos cinematográficos de varios de sus libros y se produjeron cuatro cortometrajes: The Wonderful Wizard of Oz, Dorothy and the Scarecrow in Oz, The Land of Oz y John Dough and the Querub, todos en 1910.

El 31 de marzo de 1913 se estrenó en Los Ángeles The Tik-Tok Man of Oz, una fantasía musical basada en Ozma of Oz, el tercer libro de la serie. Si bien en California la obra resultó un éxito, no fue bien acogida por el público en sus giras.

En 1914, con Baum como director, se fundó la Oz Film Manufacturing Company, una compañía cinematográfica cuyo propósito era el de hacer películas de los cuentos de Oz. La compañía llegó a filmar cuatro películas, sin embargo el proyecto no tuvo éxito y al poco tiempo la compañía debió cerrar.

Luego del fracaso de la Oz Film Manufacturing Company Baum se dedicó a escribir un libro de Oz por año hasta el momento de su muerte. Se llamaba a sí mismo: “Real Historiador de Oz” y llegó a escribir catorce libros de la serie en total.


Cartel publicitario de El maravilloso Mago de Oz (ilustrado por Denslow)

Además de la serie de Oz, Frank Baum escribió unas sesenta novelas más, 82 relatos cortos, más de 200 poemas y un número desconocido de guiones de teatro.


Folleto publicitario de los libros de L. Frank Baum publicados por la George M. Hill Company (1901)

A principios de 1918 se sometió a una operación quirúrgica. Desde entonces no logró recuperar su salud y murió el 6 de mayo de 1919 en su casa de Hollywood.


Caricatura de L. Frank Baum por W. W. Denslow

Después de Baum

Luego de la muerte de su autor los libros de Oz subieron las ventas y la editorial decidió, con permiso de la esposa de Baum, continuar publicando cuentos de Oz con Ruth Plumly Thompson —una joven editora— como autora. El nombre de Baum figuraba en la cubierta y la portada pero los libros eran íntegramente obra de Thompson que siguió publicando libros de Oz hasta 1939. Otros autores, incluido John R. Neill, ilustrador de los libros a partir del segundo, continuaron la serie hasta completar el número de cuarenta títulos.

En 1925, seis años después de la muerte del autor, se estrenó la película El Mago de Oz con el guión de Frank J. Baum (hijo) y Oliver Hardy en el papel del leñador de hojalata. La película al parecer fue muy mala, no tenía demasiado vínculo con el libro y resultó un fracaso comercial.

En 1939 la Metro Goldwyn Mayer produjo el clásico musical El Mago de Oz protagonizado por Judy Garland como Dorothy. Entre las canciones compuestas por E.Y. Harburg y Harold Arlen Over the Rainbow ganó el Oscar a la mejor canción. La película obtuvo dos premios más de la Academia: a la mejor interpretación en obras infantiles para Judy Garland y a la mejor partitura original para Herbert Stothart. (7)

La película de la Metro no obtuvo beneficios inmediatamente, pero sí cuando empezó a aparecer en televisión en 1956. Es posible decir inclusive que llegó a igualar en fama al propio libro. De este modo la mayor parte de las traducciones que se hicieron de El mago de Oz se debieron a la popularidad que alcanzó la película de la Metro Goldwyn Mayer a nivel internacional.

Fotograma de El Mago de Oz de la Metro Goldwyn Mayer (1939)

Por la misma época en que la película El Mago de Oz se convertía en un clásico de Hollywood el libro sufrió la censura de algunos organismos oficiales y bibliotecarios de Estados Unidos. Durante el macarthismo y tiempo después la utopía de Baum llegó a ser interpretada absurdamente como una metáfora de inclinación comunista. En 1959 el Departamento de estado de Florida elaboró una lista de “libros fuera de circulación en bibliotecas oficiales”. Se acusaba a estas series de “mal escritas, falsas respecto a la vida, sensacionalistas, de sentimentalismo disparatado y, en consecuencia, no recomendables para los niños de nuestro país”. Los libros de Baum encabezaban esta lista. El Mago de Oz estuvo prohibido en las secciones infantiles de la red de bibliotecas públicas de Washington D. C. hasta el año 1966. (8)

Hoy este libro ocupa su lugar entre los clásicos infantiles, no sólo de su país sino del mundo entero. El Mago de Oz ha sido traducido a casi todas las lenguas del mundo.


Cartel publicitario de El maravilloso mago de Oz (ilustración de W.W. Denslow)

Se van dos grandes de la literatura

El fin de semana comenzó con una noticia triste para todos los amantes de las letras. José Saramago, premio nobel de literatura en 1988, había muerto debido a una insuficiencia de múltiples órganos tras una larga enfermedad. La noticia corrió de boca en boca, a través de los diferentes medios de comunicación y las redes sociales. No podíamos menos que lamentar la muerte de uno de los más grandes escritores portugueses recordando su obra, y esa manera tan suya de reflejar la realidad humana con ficciones, crónicas y ensayos que guardan ese sentir humano de conflicto, de encuentro, de búsqueda y de la relación con los demás, con el poder y con nosotros mismos.

No salíamos de la sorpresa aún, cuando al día siguiente, el sábado 19 de junio, mientras el cuerpo de José Saramago era trasladado a Portugal, fallecía en México Carlos Monsiváis, un prolífico escritor mexicano y personaje imprescindible para entender el México contemporáneo. Llamado el padre de la crónica moderna mexicana, Mosiváis falleció a los 72 años a raíz de una trombosis pulmonar. Su deceso causó conmoción en muchos paises de Latinoamerica, y desde luego en México, pues resultaba una figura muy importante para la cultura popular. Fue el cronista, la conciencia crítica y sarcástica de la sociedad, la política y de la cultura de los últimos 40 años del país.

El sentimiento de dolor por la partida de dos grandes ha llenado estos últimos días las conversaciones de las personas que de un modo u otro estamos involucrados con la literatura, aunque también de todos aquellos que no son precisamente personas de letras. Pues ambos escritores tuvieron la virtud de poder colocar su obra en manos de cualquier persona, logrando acercarse al sentir de cada uno de nosotros.

¿Quiénes fueron estos dos grandes de las letras?

José Saramago*

José Saramago nació en Azinhaga (Portugal) en 1922. Antes de responder a la llamada de la literatura trabajó en diversos oficios, desde cerrajero o mecánico, hasta editor. En 1947 publicó su primera novela, Tierra de pecado, ahora reeditada en Portugal, coincidiendo con los cincuenta años de su aparición. Pese a las críticas estimulantes que entonces recibió, el autor decidió permanecer sin publicar más de veinte años porque, como él afirmaba "quizá no tenía nada que decir". Sin embargo, a finales de los sesenta se presentó con dos libros de poemas: Os poemas possiveis y Provavelmente alegría (parte de un ciclo que completaría en 1975 con "O ano de 1993"). Puede que la demorada publicación de sus textos sea el motivo por el que numerosos críticos lo consideran un "autor tardío". Y quizá sea cierto, aunque ello en modo alguno vaya en contra de una cuestión mucho más importante: Saramago era dueño de un mundo propio, minuciosamente creado, libro a libro, y su obra lleva muchos años situándolo en el primer plano literario de su país. Ya sus primeras publicaciones en prosa -Manual de pintura y caligrafía (1977) y Alzado del suelo (1980)-, lo acreditan como un autor de indiscutible originalidad, por su controvertida visión de la historia y de la cultura.

No obstante, la celebridad y el reconocimiento a escala internacional le llegan con la aparición en 1982 de su ya legendaria novela Memorial del convento, a la que siguió El año de la muerte de Ricardo Reis. En esta última, su precisa y sentimental indagación del universo de Fernando Pessoa -a través de uno de sus heterónimos- se convierte casi de inmediato en una obra "de culto", que cruza todas las fronteras. El trabajo narrativo de José Saramago goza desde entonces de una admiración sin límites, que cada nuevo título va confirmando: La balsa de piedra (1986), Historia del cerco de Lisboa (1989), El evangelio según Jesucristo (1991), Casi un objeto (1994), Viaje a Portugal (1995) o Ensayo sobre la ceguera (1996).

Posteriormente publica Todos los nombres (1998). La Caverna (2001), El hombre duplicado (2003), Las intermitencias de la muerte (2005), Las pequeñas memorias (2006), El viaje del elefante (2008), y Caín (2009).

En 1999, José Saramago recibió el Premio Nobel de Literatura, siendo el primer portugués en obtenerlo. Pero también fue distinguido con numerosos galardones, algunos de ellos son: Premio Camoes (equivalente al Premio Cervantes en los países de lengua portuguesa), Premio Cidade de Lisboa (1980), Premio Literario Municipio de Lisboa, Premio de la Crítica (Portuguesa de Críticos, 1985), Premio Grinzane-Cavour (Alba, Italia, 1987), Premio Ennio Flaiano (Italia, 1992), Premio Rosalía de Castro (Vigo), Premio Vida Literária Portuguesa de Escritores (1993) y Premio Carreira da Sociedade Portuguesa de Autores (1995).

José Saramago falleció el 18 de junio de 2010, a la edad de 87 años, en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Canarias).

Carlos Monsiváis**

Carlos Monsiváis Aceves fue uno de los escritores contemporáneos mexicanos de mayor relevancia y reconocimiento nacional.

Nació en la ciudad de México, el 4 de mayo de 1938, estudió Economía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, y desde muy joven se desenvolvió en los medio impresos.

Fue becario del Centro Mexicano de Escritores y del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard. Impartió clases en la Universidad de Essex y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Con más de cincuenta libros publicados, los trabajos de Monsivaís están en revistas y periódicos, gran parte de su obra está dispersa en las cientos de entrevistas que ha dado a diversos medios nacionales y extranjeros.

Colaboró en los principales medios del país de entre ellos, El Universal, Novedades, El Día, Excélsior, Uno Más Uno, La Jornada, la revista Proceso, entre otras publicaciones. Además, ha sido editorialista de varios medios de comunicación.

Reconocido por su crónica implacable, como ensayista imaginativo, Carlos Monsiváis obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por su larga trayectoria en el mundo de las letras y del periodismo. Se le considera uno de los autores más importantes del país, por resaltar la exquisitez de lo más puro de la cultura mexicana.

Su trabajo como escritor se basó en la crítica férrea contra los abusos del poder y de la indefensión en la que muchas veces se encuentran los hombres y mujeres nacidos en esta tierra. Practicó diversos géneros literarios (el cuento, la fábula, ensayo), pero sobre todo se le considera cronista y ensayista. Una de las partes fundamentales de su obra radicó en la conjugación y mezcla de diversos géneros como crónicas-ensayo, a tal grado que se le considera el padre de la crónica moderna en México.

Su omnipresencia en múltiples foros (revistas, mesas redondas, programas de radio y televisión, periódicos, coloquios, museos, películas, antologías, prólogos...) lo convirtió en una celebridad y en uno de los intelectuales más reconocidos.

La lista de su obra es larga; Días de guardar (1971), Amor perdido (1977), Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Escenas de pudor y liviandad (1988), Los rituales del caos (1995), Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), entre otros.
Además, Monsiváis cuenta con una vasta obra de textos biográficos. Frida Kahlo (2007), Rosa Covarrubias: una americana que amó México (2007) y Pedro Infante: las leyes del querer (2008), son sólo algunas de las obras escritas por Monsivais. Cuenta en su haber con antologías, fábulas, crónicas y ensayos. 

Recibió diversos reconocimientos, incluyendo el Premio Mazatlán, el Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Lya Kostakowsky, el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio FIL de Guadalajara, entre otros.

*Fuente: http://www.mundolatino.org/cultura/saramago/saramag2.htm
http://www.publispain.com/biografias/biografias/Jose_Saramago.htm
http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2010/06/18/quien-jose-saramago

**Fuente: http://www.eluniversal.com.mx/notas/688910.html

La invasión de niños comelibros

Si eres un apasionado de los libros y te interesa la promoción de la lectura en los niños, ¡esto es para ti!

Según la Encuesta Nacional de la Lectura 2006 realizada por Conaculta —que tiene como principal objetivo el de contribuir al conocimiento de los distintos patrones sociales y regionales de la cultura de la lectura en México— la edad con mayor probabilidad para que los niños se convierten en futuros lectores es de los 8 a los 12 años. Por esta razón es importante trabajar en ellos con actividades que los puedan acercar a los libros, a la imaginación y de este modo formar personas sensibles y más humanas.

Por esta razón en el Club Sácale Jugo a la Lectura, que estamos interesado en la promoción de la lectura, queremos apoyar a difundir el proyecto La invasión de los niños comelibros que es un programa especializado en el fomento a la lectura infantil.

Bajo el lema de Imaginación a la conquista aseguran lo siguiente: "En esta invasión asaltaremos los jardines y patios de cada vecindad, conquistaremos los gerundios y las reglas gramaticales no podrán ofrecer resistencia, sacudiremos la pereza de cada palabra dormida y llevaremos a la imaginación a una colorida, juguetona y ruidosa victoria".

Si te interesa participar en La invasión de los niños comelibros como Responsable de LibroClub o como Promotor de la lectura, te presentamos la siguiente convocatoria: 

Diario de un desenterrador de dinosaurios

Parte de las actividades que realizamos en el Club Sácale Jugo a la Lectura para acercar la literatura a los niños es la adaptación de libros presentadas por cuentacuentos o grupos de teatro. 

En el mes de febrero se presentó la adaptación del libro Diario de un desenterrador de Dinosaurios (Ediciones el Naranjo, 2007), escrito por Juan Carlos Quezadas e ilustrado por Gabriela Podestá, a los empleados y familiares de BBVA Bancomer.

La puesta en escena corrió a cargo de la cuentacuentos Valentina Ortiz quien, además de ser reconocida por su actividad como músico, es una talentosa narradora oral y tallerista promotora de la lectura.

                         

24 encuentro de contadores de historias y leyendas, próximo cierre de convocatoria

En el Club Sácale Jugo a la Lectura sabemos que parte del primer contacto de los niños con los libros será a través de las historias que les cuenten.

Por esta razón invitamos a narradores orales y cuentacuentos a participar en el 24 Encuentro de Contadores de Historias y Leyendas.



EL ENCUENTRO DE CONTADORES DE HISTORIAS Y LEYENDAS es un espacio para compartir experiencias e ideas acerca de la narración oral y su utilidad en la recuperación del valor social de la palabra, en el que pueden participar quienes aman contar historias.

La conovocatoria cierra el próximo 30 de junio. Las bases están en la siguiente dirección: http://www.bugahistorias.org/encuentro_24.html

Anthony Browne en "Imaginaria"

Anthony Browne es un destacado y conocido ilustrador de libros infantiles. Lleva más de 20 años de carrera y ha producido más de cincuenta libros. Es considerado uno de los principales creadores de libros-álbum en el mundo y ha sido traducido a más de quince idiomas.

Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como el Premio Hans Christian Andersen 2000 que otorga IBBY, la Medalla Kate Greenaway y el Premio Kurt Maschler. También ha sido nominado para los USA Boston Globe-Horn Book Award a la Excelencia en la Literatura Infantil.

A pesar de ser un autor para niños, sobre el universo visual de Browne se dice que muchas veces puede parecer complejo y exige lectores activos, atentos y sumamente sensibles.

Imaginaria, una revista online de Argentina sobre literatura infantil y juvenil, publica en su número 271 una entrevista con este reconocido ilustrador a razón de una visita que realizó a Buenos Aires. 

En el Club Sácale Jugo a la Lectura tras haber publicado una nota  dedicada a la historia de las ilustraciones en los libros infantiles, nos ha parecido importante también conocer la opinión de un ilustrador tan reconocido como Anthony Browne. Por esa razón nos permitimos reproducir aquí la entrevista que dio a la revista Imaginaria:


“Dar vuelta las páginas de un libro-álbum es algo fascinante.” Entrevista con Anthony Browne en Buenos Aires*

El dibujante inglés Anthony Browne visitó Buenos Aires durante los últimos días del mes de marzo de 2010. El autor cumplió con una nutrida y ajustada agenda durante su estadía en esta ciudad: una conferencia —con la sala desbordante de público— en el Ministerio de Educación, otro encuentro con sus lectores en el Auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), firma de ejemplares en la librería El Ateneo Gran Splendid y una visita a una escuela primaria. Y también tuvo tiempo para mantener varias entrevistas con la prensa. Lo que sigue es la charla que mantuvimos con el creador de Willy la mañana del 30 de marzo. Agradecemos a Julieta Yanovski y Valeria Escobar por la traducción, y a Deborah Lapidus y Lola Rubio de la editorial Fondo de Cultura Económica por las facilidades dispensadas para realizar esta entrevista.

—En el segundo número de Imaginaria, en el año 1999, publicamos un informe muy completo sobre Anthony Browne. En ese entonces, para los lectores de habla castellana sus libros eran prácticamente una novedad, y usted recién empezaba a ser conocido por aquí. Actualmente, su obra es referencia ineludible para todos los mediadores de lectura. Estamos muy contentos de tenerlo entre nosotros y, como admiradores de su obra, muy agradecidos de poder entrevistarlo. Para ir entrando en tema, nos interesaría saber a través de cuáles de sus libros le gustaría ser identificado o recordado.

—Es bueno que no me hayan solicitado uno solo pues me siento mejor con varios títulos: Gorila, Voces en el parque, Cambios, El túnel, En el bosque y los libros de Willy. (1)

—Unos cuantos…

—Sí, unos cuantos… (risas)

—Ayer, durante su conferencia en el Ministerio de Educación, mientras explicaba detalles de Voces en el parque hacía referencia a otro libro, ¿o se trata del mismo libro?

—En realidad son dos libros distintos pero es la misma historia contada con diferentes narradores. Originalmente se llamó Un paseo por el parque y, veinte años más tarde, se transformó en Voces en el parque. La historia es la misma pero narrada desde otros puntos de vista. (2)

—¿Cómo considera el lugar de los lenguajes que están en juego en el libro-álbum? Sobre todo el lugar de la palabra. En un artículo sobre la relación entre la imagen y la lectura (3), usted considera que lo interesante está en la brecha que hay entre ambos lenguajes. ¿Un autor de libros-álbum es un ilustrador que escribe? ¿Qué lugar tiene la palabra; qué complejidades y qué ventajas tiene la palabra para un autor integral?

—Uno narra a través de imágenes y a través de la palabra y es mucho más fácil si hace las dos cosas a la vez. Y cuando el autor de un libro-álbum imagina la historia la imagina en palabras y en imágenes, mientras que un escritor común solo la imagina a través de palabras. Aunque por algún motivo a los editores les gusta mantener por separado al escritor y al ilustrador. Pero para mí es una idea ridícula. Porque a lo largo de todo el proceso es un ida y vuelta, las palabras pueden ir cambiando a medida que se van desarrollando las imágenes y viceversa. Por eso, en general, cuando van a trabajar un ilustrador y un escritor por separado, los mejores trabajos salen cuando son amigos o tienen una buena relación y están en comunicación continua.

—Dentro de este proceso, ¿usted piensa en un lector posible? ¿Y de qué manera ese lector está presente en todo ese proceso de creación?

—El único lector que tengo en mente es el chico que era yo. Así que hago mis libros intentando lograr lo que me hubiese gustado leer cuando era chico.

—¿Cómo dialoga, se comunica, o se relaciona ese chico que usted fue con los niños actuales?

—En esencia, los chicos de hoy son iguales a los chicos de hace cien años. Hay diferentes circunstancias, diferentes influencias; pero en las cuestiones básicas los chicos en Argentina o en Gran Bretaña son iguales.

—Estamos de acuerdo, pero se lo preguntábamos porque suele haber una preocupación por el lector entre quienes se dedican a la literatura infantil; o sea cómo va a llegar a ese lector lo que están haciendo. Y eso influye, a veces bien a veces mal, sobre el proceso creativo.

—Creo que no es una buena idea tener en mente un público determinado hacia quien dirigir el trabajo. Porque al tratar de satisfacer a ese público el resultado no va a ser el mejor. Termina siendo como un ejercicio de marketing en el que probás cada producto a ver si gusta o no gusta. Tal vez sea una buena manera de sacar beneficios comerciales pero artísticamente no es lo mejor.

—Volviendo al tema de la palabra, en el artículo que mencionamos antes (4) hay un comentario suyo que dice: “Creo que los peores libros ilustrados son aquellos en los que las palabras son tan sólo leyendas para las ilustraciones.” ¿Dónde estarían las claves para que las palabras tuvieran la riqueza suficiente como para que no se corra este riesgo?

—El papel del editor es fundamental en esto. Hay que lograr una buena relación entre editor, escritor e ilustrador. Pero el editor puede tener una posición que le permita poder ver un poco más de lejos y equilibrar las cosas; verlo desde afuera y fijarse que las palabras no estén diciendo lo mismo que las imágenes o las imágenes repitiendo lo mismo que las palabras. El editor tiene una visión distinta y puede brindar un buen equilibrio. Yo sé que es difícil para un autor presentarle la idea de un libro-álbum a un editor porque va a querer impresionarlo para lograr que acepte la idea. Entonces va a querer escribir todo. Pero después, gran parte de ese texto va a tener que cortarse.

—¿Es habitual esta relación que describe entre el autor y el editor en Inglaterra o en Europa?

—En Gran Bretaña es bastante común. El escritor o el ilustrador van con una idea al editor, la discuten y a partir de eso, si el editor la considera una buena idea se decide llevarla adelante. O por ejemplo, se acerca el ilustrador con las imágenes, y entre los dos terminan armando la historia.

—¿Siempre es el mismo editor el que lo acompaña a usted?

—Durante los primeros dos tercios de mi carrera trabajé con el mismo editor pero como ya se jubiló y se retiró tuve otros dos.

—¿Pero siempre dentro de la misma casa editorial? ¿O tiene libros en distintas editoriales?

—Tengo dos editoriales: Random House y Walker Books.

—Aquí es común que un mismo autor tenga libros en muchas editoriales, en todas las que le puedan editar. Y eso produce una diversificación de su obra…

—Sí, esto también sucede en Gran Bretaña, algunos autores salen a buscar a las editoriales y publican adonde pueden.

—¿A qué autores que realizan libros-álbum admira?

—A Maurice Sendak, Chris Van Allsburg, en los Estados Unidos. En Inglaterra a John Burningham, Raymond Briggs, David McKee, Tony Ross. Y a los nuevos ilustradores: Emily Gravett, Oliver Jeffers, Mini Grey, Alexis Deacon. Todos ellos son jóvenes, escriben e ilustran; y no es habitual encontrar gente talentosa en las dos cosas.

—Allí es bastante común que el mismo autor encare tanto la escritura como la ilustración de un libro-álbum. Tienen una escuela muy importante de autores integrales. Aquí eso es más difícil de encontrar, en general son proyectos asociados, de un autor que escribe el texto y otro que realiza las ilustraciones.

—Sí, eso lo escuché, y tal vez esto tenga que ver con algunos editores que no se involucran para trabajar en el aliento a este tipo de proyectos. En Chile, me comentaron que es habitual que alguien —con el libro ya terminado— se lo lleve directamente al editor y se publique. ¿Sucede esto también en Argentina?

—Aquí tenemos una tradición histórica y muy fuerte de literatura infantil generada principalmente por escritores, que después veían sus libros ilustrados por ilustradores contratados por la editorial. Desde sus orígenes, la hegemonía en la literatura infantil argentina la tienen los escritores.

—No soy quien para criticar lo que se hace en cada país, y tampoco tengo tanto conocimiento de lo que se está haciendo en Argentina. Pero al tomar ese camino se crean problemas a sí mismos porque por algo se los llama “libros-álbumes” (picture books), no es por casualidad que tengan esa denominación.

—El libro-álbum de creación argentina es un fenómeno reciente y tiene que ver con toda la influencia tanto europea como norteamericana. Recién con los nuevos autores hay proyectos de libros-álbum generados en el país.

—He podido ver algunos libros de Isol y me parecieron brillantes… Ella sabe cómo hacerlos.

—El tratamiento artístico de temas y conflictos sociales y familiares en la literatura infantil a veces corre el riesgo de instalar postulados sociales e ideológicos acerca del mundo. ¿Qué posición tiene ante ese riesgo?

—En general yo trato de alejarme de esos temas o de esos postulados aunque a veces uno termina cayendo. Quizás El Libro de los Cerdos (5) es el libro en el que se tomó un camino más didáctico, del “cómo debe ser”. Pero de todos modos hacia el final del libro sentí como que “la lección” era muy fuerte. Entonces traté de terminar el libro con un final más ambiguo, pero esto tal vez se note mejor en la versión en inglés. En la última página la madre está arreglando un auto y en la matrícula la palabra PIGS (“cerdos” en inglés) está al revés: SGIP 321 en lugar de PIGS 123. No sé si en la versión en español eso se mantuvo. Pero la idea fue decir que al final no todo es tan perfecto, que quedaba algo del conflicto anterior.
No me gusta decirle a la gente qué pensar o cómo actuar. Me gusta plantear una idea, contar la historia, y dejar que la gente decida o bien sea un disparador para pensar. Y —volviendo a la primera parte de la respuesta— cuando planteo estos temas, trato de hacerlo con humor y de una manera ambigua, como para que no sea una manera determinante.

—Esto está muy ligado al tema de la corrección política, ¿cómo lleva ese tema en su producción artística?

—Trato de evitar la corrección política en mi obra, aunque es cierto que soy uno de los pocos que cree y defiende la corrección política. Me parece que sino todavía se estaría usando el lenguaje racista para referirnos a los negros u otro tipo de cuestiones. Quizás en el libro Cosita Linda (6) es donde me sentí un poco tocado porque la corrección política había llegado demasiado lejos cuando en el final del libro se plantea el tema de las mentiras. Y los editores presionaron para que no terminara habiendo una mentira; en la primera versión, la mentira la decía el gorila protagonista (para no asumir la culpa de haber roto un televisor). Yo traté de llegar a un punto medio en el que al final la otra protagonista —la gatita— se pone en una actitud de fortaleza fingida diciendo “—¡Fui yo! ¡Yo lo rompí.”. Todos se ríen del gesto y así queda todo bien. Fue como buscar un punto intermedio, para conciliar.

—Es un tema muy espinoso. Hay casos extremos de fomento del racismo u otras actitudes discriminatorias donde la corrección política puede intervenir. Pero a veces la corrección política termina operando como una forma de censura, que primero actúa sobre el creador y luego repercute en el lector, porque se evitan determinadas cosas supuestamente “en defensa” de ese lector.

—Yo estaba pensando en un ejemplo en el que la corrección política podría convertirse en censura. Yo particularmente no sufrí censura directamente, aunque sí ciertas presiones, especialmente en Estados Unidos, para que un final no fuese de tal o cual manera. La presión corría por el lado de decirte, “bueno, si el libro tiene este final te vamos a publicar un cuarto de la cantidad de ejemplares que publicaríamos si tuviera otro”. O sea que la presión del editor pasa más por un interés comercial de tratar de vender la mayor cantidad de libros posible que por una cuestión de corrección política.

—Además es un fenómeno que actúa no solo en el autor y en el editor sino también en cualquiera que medie entre un chico y un libro. Para cualquier adulto que medie, padre, maestro, bibliotecario, siempre está el tema de “proteger” al niño.

—Sí, es verdad.

—Con respecto al uso de la parodia, que es una marca significativa en sus libros. Cuando los referentes culturales parodiados son desconocidos para los niños de diferentes culturas puede producirse un distanciamiento entre el niño lector y el autor. ¿Piensa esto como un límite o como un desafío?

—Es un desafío. Yo pienso que la referencia cultural es parte de la historia que estoy contando. Ya sea que la conozca o que no la conozca, pero de alguna manera forma parte de la historia.

Si el niño no conoce la referencia cultural no tendría que importar. No importa si no conocen, por ejemplo, un cuadro que puse en el fondo de una imagen; un cuadro famoso que transformé de alguna manera. No importaría que no conozcan al autor de ese cuadro. Lo que sí tiene que hacer es ayudar a contar la historia; cualquier referencia que aparezca tiene que ayudar a contar la historia. Es fantástico cuando los niños ven en el libro una pintura que no conocen y luego la vuelven a ver en otro lado —en un museo, por ejemplo— y dicen: “¡Uy!, esta la vi en algún lado.” Esa es la maravilla.
En lo que no estoy de acuerdo es hacer un guiño de ojos al adulto —de autor-adulto a lector-adulto— de manera que el niño quede desplazado de esa relación. Algo así como decirle al adulto: “Viste, esta referencia cultural es para vos.” No es la idea. Igualmente el adulto en general no ve estas partes del libro (el trasfondo de una imagen), las pasa por alto.
Por ejemplo, el cuadro sobre Ícaro que aparece en una de las imágenes del libro Cosita Linda (7). Es una importante referencia cultural. Y su presencia en la ilustración hace eco en la imagen del gorila, que tiene a la gatita sobre su espalda y “vuela” por la habitación levantando su mano hacia el cielo, también haciendo alusión a esta pintura. Entonces la gracia está en la referencia cultural. A modo de juego, irónicamente, quise significar que no es buena idea hacer esto (colgarse de una lámpara del techo) porque puede llegar a ser peligroso. Y ahí es donde se relaciona con Ícaro, flameando y apuntando al sol. Me gusta la idea de que después de la lectura —o durante ella—, el padre o el maestro hablen con el niño acerca de lo leído. Una historia básica puede conducir a diferentes historias.

—Hay quienes, analizando el proceso de la lectura, consideran “lectores” a aquellos que leen textos largos —como una novela, por ejemplo—, desde una postura en la que se hace prevalecer a la palabra escrita, en detrimento de la imagen, de la ilustración. A partir de ese análisis, consideran al libro-álbum como un territorio exclusivo de la infancia. ¿Qué posición tiene tomada sobre esto?

—Yo pienso lo opuesto. La literatura visual es fundamental; es tan importante como la escrita. Lo ideal es alentar a los niños a que comiencen a leer para que sean lectores durante toda su vida. La manera de empezar a leer con los niños fundamentalmente es a través del libro-álbum. Los padres —tal vez por hacerles un bien— les dicen a sus hijos: “No, no elijas este libro que tiene demasiadas imágenes, elegí un libro ‘de verdad’, con ‘más’ para leer.” Y así los están alejando demasiado temprano del libro-álbum.

—Y tampoco los acompañan en la lectura. A medida que el niño va creciendo lo dejan solo. “Leé vos solo”, le dicen. Y se pierde eso de compartir una lectura entre un chico y un adulto.

—Sí, absolutamente. Y también se pierden las conversaciones acerca del libro que se tienen entre padres e hijos. Esto es una relación de ida y vuelta, porque el niño muchas veces señala algo en la imagen que el padre no ha visto y viceversa.

—El salto de un mundo a otro parece ser una constante en varios de sus libros. Como por ejemplo en El túnel, el paso de una dimensión a otra, o en Willy el soñador, de la vigilia al sueño, o en Las pinturas de Willy y El juego de las formas, del mundo real al mundo de los cuadros. ¿Podría comentarnos qué pasa con esta constante que aparece en varios de sus libros?

—Es algo recurrente. Es cierto que en muchos de mis libros existe algún tipo de transformación; pero no podría explicar exactamente por qué sucede esto. Pero sí, es verdad. El “crecimiento” podría ser una explicación; el crecimiento es, de alguna manera, una transformación, una especie de pasaje de un mundo a otro. Pero seguro de que hay muchas razones más… (risas).

—Nos gustaría que nos cuente cómo fue su experiencia con chicos en el museo Tate Gallery. ¿Esto formó parte de algún proyecto más amplio?

—Formó parte del proyecto Caminos Visuales, desarrollado por el museo en colaboración con el Instituto de Educación británico. El primer año invitaron a un poeta, el segundo año a un escritor y el tercer año a mí como ilustrador. Es algo así como “Escritor e ilustrador en residencia”, y no significa que yo haya vivido ahí pero sí estuve mucho tiempo en el museo. Los encuentros eran principalmente con niños de escuelas pobres de Londres. Y la idea era que los niños se acerquen al mundo del arte y al trabajo del artista.

—¿Era una relación con su obra en particular o una relación con las obras del museo y usted mediando entre ellos?

La gente del museo me pidió que partiera hablando acerca de mi trabajo artístico y de mi obra. Íbamos a un aula y allí hablábamos de mi obra y de la forma en que se relacionaba con otras obras artísticas. Luego recorríamos el museo y allí veían la conexión que había entre ellas. Los niños volvían después de algunas semanas y me mostraban sus producciones y las comentábamos entre todos.

Y a partir de este trabajo surgió el libro El juego de las formas (8), pues su realización era una parte del proyecto integral. Yo estaba tan emocionado cuando me plantearon este proyecto que inmediatamente acepté tomar parte en el mismo sin pensar realmente si podría llegar a producir el libro al final.

Justo antes de comenzar a trabajar con el primer grupo de chicos se me ocurrió la idea del libro y usé como protagonista a la misma familia que había utilizado en Zoológico (9), un libro anterior. Me pareció buena idea recurrir nuevamente a estos personajes para esta producción.

—Lo que ocurre en El juego de las formas con esta familia es un reflejo de lo que ocurrió en la realidad, con los niños en el museo, porque la mayoría de ellos nunca antes había estado en uno. Los chicos estaban nerviosos, yo estaba nervioso. Al comienzo fue una situación bastante tensa. Lo que ayudó mucho fue alentar a que los niños se pusieran en el lugar de los personajes de los cuadros. Por ejemplo, veíamos una obra y les decía: “Bueno, ¿qué personaje serías vos?” Y entonces el niño lo dibujaba y escribía un texto como si él mismo fuera el personaje. Esto ayudó a que se relajaran, a que se sintieran más cómodos. Y se refleja en el libro porque la familia al principio se sentía incómoda y después se fue relajando a medida que pasan las páginas.

—Salvo la madre, ¿no?…

—Sí, exactamente, salvo la madre… (risas). Porque justamente la visita al museo fue idea de ella.

—También hay una conexión más entre El juego de las formas y el libro Zoológico. Antes de hablar con los chicos, me entrevisté con un guía-educador del museo y él me explicó utilizando una analogía: a diferencia del guardián del zoológico, su trabajo no es el de mostrar a las pinturas en sus “jaulas”. Sino que, al contrario, él debe “abrir” las puertas de esas “jaulas”. Dejar que esas pinturas salgan o que los niños entren; de manera tal que ellos puedan relacionarse con las obras de arte. Traté de reflejar esta idea en la portada del libro, donde hay una obra de arte “enjaulada”, como si fuera una especie de celda pero con la puerta abierta, y el personaje principal saliendo de ella.

—¿Esto que cuenta fue así porque era el Tate Gallery? Porque creo que este museo tiene una relación especial con su público, distinta quizás a la de otro museo; es un museo popular…

—Es un museo muy popular, es verdad. Y tiene secciones educativas especialmente dedicadas a los niños.

—Estos encuentros con niños, para interactuar con ellos, ¿son algo habitual en su trabajo profesional?

—Sí, visito muchas escuelas. Muchas veces, cuando voy para una escuela muy temprano, “a la madrugada” (sonríe), me pregunto: ¿Ay… ¿por qué estoy haciendo esto? Pero cuando vuelvo de la escuela a mi casa me digo: “Sí, sé exactamente por qué lo hago: los chicos son únicos.”

—Aquí tampoco se va a “salvar”, ¿no?

—Sí, mañana a la mañana voy a visitar una… (risas). (10)

—Hace algunos años en una entrevista (11) comentó que los libros ilustrados iban a sobrevivir al futuro audiovisual. ¿Qué es lo que le lleva a sostener esta convicción?

—Mmmm… (duda y sonríe) ¿Yo dije eso? (risas).

—Sí, es una entrevista de hace cuatro años, y lo decía como muy convencido.

—En ese momento estaría seguro… (sonriendo). Bueno, yo espero que sí (enfatizando “espero”). Pero si no sobreviven, ojalá que se puedan abrir nuevas maneras de usar el libro ilustrado; pueden aparecer nuevas formas. Pero sí, definitivamente espero que sobrevivan. De cualquier forma, creo que va a pasar mucho tiempo antes de que la gente —especialmente los niños—, deje de querer tener un libro ilustrado en sus manos. O sea tener en sus manos el libro de papel, físicamente hablando. Es algo único observar una imagen en el libro. Pero de aquí a veinte años… diez años… (se corrige y sonríe) ¡quién sabe!

—Acordamos con usted en que esa relación especial que se establece entre alguien y un libro es difícil de suplantar. Si bien puede convivir con otras nuevas formas, esto es muy fuerte y no sabemos si se perderá.

—Es verdad, es cierto. Dar vuelta las páginas de un libro-álbum es algo fascinante. Pero yo hablo así porque nací con libros, dando vuelta las páginas. Los niños de hoy en día nacieron con otras cosas. De todos modos no es el fin del mundo.

—En la misma entrevista comentaba también que en Inglaterra el libro-álbum estaba atravesando por una situación muy difícil. ¿A qué se refería específicamente? ¿Ahora sigue pensando lo mismo?

—Es verdad, todavía sigue atravesando por momentos arduos. Lo bueno es que siguen surgiendo buenos escritores e ilustradores, y eso es una buena señal. Uno de los fundamentos del premio que me otorgaron el año pasado, el “Children’s Laureate” (Laureado de los Niños) es justamente promover y difundir la literatura para niños, y mi objetivo como galardonado es asumir un rol de “embajador” durante los próximos dos años (2009-2011) para tratar de que la gente vuelva a valorar el libro ilustrado y la importancia de la lectura tanto para el niño como para el adulto.

—¿Este premio implica también un compromiso de difusión por parte del escritor o del ilustrador laureado?

—Me promuevo a mí mismo (risas). Con respecto mi antecesor “laureado” —que es docente, poeta, actor, locutor, difusor, que aparecía en radio y en televisión y que tenía una opinión para casi todo y hablaba sobre cualquier tema (12)—, prefiero diferenciarme y hablar solamente de lo que sé, de mi trabajo. A veces la gente piensa que represento al Sindicato de Ilustradores y Escritores y que todos me pueden preguntar acerca de los problemas que hay en el mundo del libro ilustrado y si los considero ficción o no ficción… y no, nada de eso. Y aunque por supuesto también podría dar una opinión prefiero focalizar en lo que conozco.

Hace diez años que un ilustrador no ganaba este premio (13) y ya era hora de que hubiera alguien para representarnos (sonríe). Pero me siguen pidiendo que vaya a la radio y a la televisión para hablar sobre cualquier tema. Por ejemplo me preguntan sobre “la muerte de la escritura de cartas”; ¡por qué la gente ya no escribe cartas a mano! O si el escritor Arthur Ransome (14) fue un espía hace cincuenta años. ¡No tengo idea! (risas).

—Anthony, muchas gracias por su tiempo y su amabilidad.

—Muchas gracias a ustedes y un afectuoso saludo para los lectores de Imaginaria.