Luna de enfrente

Como un tributo a Jorge Luis Borges, la actriz Ana María Rivera y el músico Alejandro Díaz, ambos colombianos, han creado un excelente espectáculo sobre textos de Borges llamado "Luna de enfrente".


Les presentamos una entrevista hecha a los autores de esta puesta en escena, realizada por la escritora, periodista y profesora Alejandra Crespín Argarañaz .
En esta entrevista Ana María Rivera destaca los aspectos de la oralidad, la memoria, la sintaxis y el convertir en propio el pensamiento del poeta al no solamente leer su texto, sino decirlo.


                              

Ian McEwan y su próxima novela

El escritor británico Ian McEwan publicará en marzo su próxima "Solar".



LONDRES, INGLATERRA.-  Su protagonista ficticio es un físico y premio Nobel llamado Michael Beard, que ha ayudado a combatir el cambio climático inventando la forma de derivar energía de un proceso artificial de fotosíntesis, según adelanta el vespertino "Evening Standard".

Un día, en una conferencia, el científico afirma que la razón por la que hay un desequilibrio en el mundo de la ciencia entre hombres y mujeres es por las diferencias innatas entre los cerebros de uno y otro sexo.

El último número de la revista New Yorker publica en internet un extracto de Solar que cuenta cómo en su juventud Beard sedujo a una guapa estudiante de literatura investigando el tema favorito de ésta, Milton, con gran facilidad, acostumbrado como estaba a las extremas exigencias intelectuales de la física teórica.

Según el "Evening Standard", McEwan ha sido blanco últimamente de un sinnúmero de ataques especialmente virulentos en internet por su pasada ficción, sobre todo por la novela "Saturday", que un comentarista del periódico atribuye en parte a resentimiento de clase y diferencias políticas.

McEwan situó la acción de "Saturday" el día de una marcha contra la guerra en Irak, pero su héroe, el neurocirujano Perowne, que ha tratado a un académico iraquí torturado por Sadam Husein, no se opone a la invasión anglo-norteamericana.

El propio McEwan ha atacado en público el extremismo islámico, sobre todo por su actitud hacia los homosexuales y las mujeres.

Otro conocido escritor, John Banville, publicó en 2005 una crítica demoledora de "Saturday", que sorprendió a todo el mundo al proceder de alguien que competía también por el premio Booker.

Entrevista con Henning Mankell

La revista Arcadia.com publica una entrevista muy interesante con el escritor Henning Mankell. En ella tocan el tema de la novela policiaca, el premio Nobel que jamás ha recibido un escritor de novelas de detectives, y desde luego habla sobre su más reciente novela El hombre inquieto.


A continuación nos permitimos reproducir la entrevista.

Sentados a la mesa*

Casado con la hija de Ingmar Bergman, el escritor sueco es conocido en el mundo entero por sus exitosísimas novelas protagonizadas por el oscuro detective Kurt Wallander. ¿Por qué no se ha ganado el Nobel un escritor de novelas policíacas?

Su última novela sobre Kurt Wallander acaba de salir. Henning Mankell asegura que definitivamente será la última. Lo encontré en la feria del libro en Gotenburgo, donde participó en un seminario sobre la lucha contra el estigma del sida, se manifestó contra el analfabetismo y también habló de su obra. Wallander está cansado, a diferencia de Mankell, que abre la puerta a una continuación con la hija del detective como protagonista.

¿Por qué escribe usted novelas de detectives?

La pregunta es si eso es lo que hago. He escrito más o menos 40 libros. De ellos, una cuarta parte es lo que podríamos llamar novelas de detectives, así que definitivamente escribo otras cosas. Algunos científicos literarios miserables piensan que la ficción policíaca fue inventada por Edgar Allan Poe, pero no saben nada. ¿De qué se trata Medea? Pues de una mujer que mata a sus hijos por celos hacia su marido. Si eso no es una historia criminal, no sé qué lo sería. La gran diferencia es que la Policía es un invento posterior, del siglo XVIII ó XIX. La idea de utilizar el crimen para representar conflictos en una sociedad, o entre seres humanos, es efectivamente uno de los géneros más antiguos que existen. Y para mí también ha sido útil en unos cuantos libros. Así lo veo. Hoy vivimos en un mundo donde hay muchísimas supuestas novelas criminales llenas de populismo y especulación. Se publica un montón de libros que son pura y simple basura, escritores que piensan que es posible convertir cualquier cosa en una novela de detective, y eso no me interesa en absoluto. Por eso me parece interesante que mis libros hayan sido distribuidos mucho más que varios otros en este grupo.
Una característica de las novelas de detectives es que el suspenso se agota después de la primera lectura... No admiten relecturas.

Tienes razón, pero te equivocas. Hay dos maneras fundamentales de contar una historia. Una es la anécdota que se gira en torno a su conclusión, que depende completamente de cómo termina. La otra manera es, para mí, mucho más interesante. Es el intento por describir el proceso. Si hay algún tipo de libros que detesto son los de Agatha Christie. Leo las primeras páginas y hojeo hasta el final para ver quién lo hizo. No hay nada que me interese en el proceso. Eso es algo que no tiene que ver sólo con literatura de crímenes, sino con toda la buena literatura. Un artista de verdad puede describir bien el proceso. Entonces seguimos los eventos y no estamos esperando que venga el final. Eso es arte, eso es lo difícil.
Entonces no leemos novelas de detectives para saber “si fue el mayordomo”?
He escrito un libro en el que cuento en la primera página qué pasó y quién lo hizo. Y en las próximas 500 páginas describo la investigación. Tengo que contar una historia que la gente quiera oír. Realmente eso es el suspenso. Me gusta este símil que implica invitar al lector a sentarse contigo en la mesa. Si escribo un libro donde revelo todo, el lector se queda parado al lado mientras yo estoy sentado en la mesa comiendo. Entonces he fallado. El lector tiene que sentirse acogido en la mesa. Eso me fascina. De vez en cuando veo una obra de teatro buenísima. Entonces me entran ganas de participar. Eso, para mí, define calidad.

¿Por qué suelen ser un desastre en sus vidas personales los detectives más entrañables de la literatura?

Porque en la realidad es así. Si miras las estadísticas de divorcio de policías en casi cualquier país, son un desastre. Desde cuando salen a trabajar en la mañana hasta cuando regresan viven cosas muchas veces tan terribles, que les resulta difícil tener una vida personal normal, que se basa en la capacidad de quitarse todo eso de encima.

¿Y por qué cree usted que no ha recibido el premio Nobel de literatura ningún escritor de novelas de detectives?

Eso vendrá. Con una institución tan convencional y antigua y rígida y dogmática como la Academia Sueca, tomará su debido tiempo. Mi opinión es que si Le Carré tuviera 40 años menos, sería inevitable considerarle un candidato. Él ha escrito unas novelas sobre la Guerra Fría que nadie ha podido superar. Le Carré ha sido una gran inspiración para mí, en muchos sentidos. Y Graham Greene casi recibió el premio, pero un miembro de la Academia Sueca, Arhur Lundqvist, se opuso porque estaba enamorado de la misma chica que Graham Greene. Sólo por eso nunca recibió el premio Nobel. ¡Es que la Academia es también un corral de gallinas!

¿Cómo explica usted su productividad?

Trabajo muchísimo. Ahora bien, el día tiene 24 horas para mí también y no puedo entrar en un guardarropa y encontrar un saco de tiempo (¡oh!, aquí estaban cinco semanas que había olvidado...) Veo muy, muy poca televisión. Si disminuyo el tiempo que veo la tele una hora al día, son ocho semanas al año. Y en ocho semanas casi escribo otra novela. Así que soy muy cuidadoso con lo que no hago. También soy minucioso en lo que no escribo. Intento siempre decidir qué es lo importante, y allí encuentro una selección que facilita mi trabajo. Siempre trabajo en dos cosas a la vez, pero sólo es posible tener una cosa principal. Digamos que escribo un libro, que es lo importante. Pero si necesito descansar un rato, quizá me ocupo con una obra dramática un rato y vuelvo al libro.

Usted vive la mitad del año en Suecia y la otra mitad en Mozambique. ¿Cómo influye eso su trabajo?

Escribí muchos de mis libros mitad en África, mitad en Suecia. Pero eso no significa nada. Tengo dos hogares, dos arraigos. Tengo el privilegio de vivir con un pie en la nieve y uno en arena. Un pie frío y otro caliente. Eso se equilibra. La única diferencia es que me levanto a las 5 de la mañana en África para utilizar las horas frescas de la madrugada. Pero duermo la siesta tanto aquí como allí. Es un invento maravilloso.

Usted ha dicho que el mundo imaginario puede ser tan esencial como la realidad. ¿Puede elaborar ese pensamiento?

El artista veraz es el niño. Creo que los niños entienden que la imaginación existe para ayudarte a sobrevivir como niño, porque la niñez es difícil. Te haces preguntas difíciles sobre la vida, la muerte, la soledad... y creo que necesitas la imaginación para aguantar. En mi caso era muy dramático porque mi mamá desapareció cuando yo tenía un año. Se largó, y por supuesto era una situación delicada el ser rechazado por mi madre de algún modo. Mi estrategia para sobrevivir fue inventarme otra mamá. Cuando me encontré con mi propia mamá, a los 15 años, preferí a mi mamá imaginada. Pero debo decir que mi mamá imaginada era muy estricta. No sólo era una de esas madres que me daba pasteles. Los seres humanos tenemos lo que necesitamos para sobrevivir. Si no necesitáramos la imaginación, no la tendríamos, simplemente. El arte verdadero existe cuando eres niño. Luego cuando te vuelves mayor y quizá quieres ser artista, necesitas reconquistar lo que tenías de niño.

¿Y cómo lo ha logrado?

He reconocido el mundo de la imaginación y a la imaginación como instrumento para describir el mundo real. Soy escritor de ficción y escribo lo que podría haber pasado, no necesariamente lo que pasó, mientras lo documental es una reproducción fiel de la realidad. Con ayuda de la imaginación le doy cuerda a la historia que quiero contar.

¿Qué cree usted que atrae tanto a los lectores del extranjero?

Es importantísimo recordar que la mitología sobre Suecia, desde las hermosas rubias hasta el Estado perfecto, no la hemos creado nosotros. En el mismo sentido nosotros construimos mitología sobre otros países; sin ir más lejos, la imagen de una Colombia terrible. Yo no escribo libros en paisajes convenientes. Pero claro que el paisaje y la sociedad Sueca pueden parecer muy exóticos, vistos desde Colombia. Pero lo que realmente pienso –y que creo que explica mucho, si hablamos de los libros sobre Wallander– es el matiz de que las novelas tratan la relación entre el sistema judicial y la democracia, un problema gigante en todo el mundo. Creo que mucha gente comparte la inquietud de Wallander. Sabemos que la democracia se avería si no funciona el sistema judicial, y si la dejamos averiar, le ponemos un precio a la democracia.

Otra explicación es obviamente el protagonista y lo que me gusta llamar el “síndrome diabetes”. Yo describo personas que se transforman. Como tú y como yo. Nunca vamos a ser las mismas personas después de habernos encontrado. Nos influimos y nos cambiamos. Cuando había escrito tres libros sobre Wallander hablé con una amiga que es médico y que había leído los libros. Le pregunté cuál enfermedad sería la ideal para Wallander. “Diabetes”, me contestó en seguida. Él es la persona típica que tiene diabetes. Con diabetes se volvió aún más popular y creíble, porque en el mundo real hay gente que efectivamente es diabética. Eso me enseñó mucho sobre cómo funcionan los libros.

En el último libro, Wallander parece cansado. ¿Está cansado también usted?
No, para nada. Tenemos en común la edad, a ambos nos gusta la ópera italiana y somos muy enérgicos. Eso es lo único. Si Wallander hubiera existido, no seríamos amigos. Somos demasiado diferentes.

¿Y ahora Wallander no vuelve más?

Así es. No muere, pero entra en su vejez. Algo sucede y en la última página uno entiende que es imposible seguir. En cambio quizás escribo un poco más sobre la hija. Wallander puede estar allí en un fondo, pero no temo perder algunos lectores. Tengo que seguir mi camino y la vida es corta.

Lo ha dicho antes, que había escrito la última novela de Wallander...

Hace exactamente diez años escribí lo que, con el corazón en la mano, creía que era la última. Después nunca más pensé en aquello durante cinco años. Pero luego empecé a darle vueltas a la idea de que podría haber un libro más, uno que tratara más de sí mismo; y resultó este libro. Muchas gente me dice “ya veremos”, pero yo simplemente les respondo: “Cuéntame algo más, que eso no me importa”.

León, ciudad de la literatura

La UNESCO ha creado una Red de Ciudades Creativas, que está compuesta por siete redes temáticas, una de ellas la Literatura, a la que aspira la ciudad de León (España) con el fin de convertirse en un referente literario no sólo en Europa, sino en Latinoamérica. Distinción que únicamente tienen tres ciudades en el mundo: Melburne (Australia), Iowa (EE.UU) y Edimburgo (Reino Unido).

En este sentido, el Ayuntamiento de León está preparando un dossier extenso, que rematará a lo largo del 2010, con el fin de presentarse como candidata ante la UNESCO.
León se siente respaldado, entre otros motivos, por la gran cantidad de escritores reconocidos con los que cuenta la provincia, entre ellos el Premio Cervantes Antonio Gamoneda, o el recién elegido Premio Nacional de Poesía Juan Carlos Mestre.
El objetivo es conseguir que León sea distinguida con este reconocimiento a "medio y largo plazo", una tarea que se prevé ardua y para lo que la ciudad quiere estar bien preparada.

Ediciones El Naranjo apoya para que León sea incluida en la red de ciudades literarias, sumándose a la petición de todas las voces de Argentina, Colombia, Cuba, Perú y España que solicitan se declare a León como Ciudad de la Literatura.

Desde México, nos unimos al proyecto “Voz y Mirada de España y América”, representado por María García Esperón y Asunción Carracedo para que la capital leonesa se convierta en un referente literario tanto en el continente europeo, como en Latinoamérica.

El hombre inquieto de Henning Mankell

Henning Mankell retoma las andanzas del inspector Wallander en su nueva novela El hombre inquieto.  



Luego de que Mankell nos narrara los inicios como agente de su personaje más conocido en la colección de relatos La pirámide (1999), sólo nos lo había devuelto brevemente como secundario en Antes de que hiele, (2002) novela que nos relata los primeros pasos como policía de Linda Wallander, la hija del inspector.
Sin embargo esta vez, con casi 500 páginas, El hombre inquieto supone el regreso y el adiós de Kurt Wallander.

Reseña:

"La vida del inspector Kurt Wallander ha cambiado ligeramente: no sólo ha hecho realidad su sueño de tener una casa en el campo, sino que, además, su hija Linda lo ha convertido en abuelo. Sin embargo, su tranquilidad se ve perturbada poco después, un día de invierno de 2008, cuando el suegro de Linda, un oficial de alto rango de la Marina sueca llamado Håkan von Enke, desaparece en un bosque cerca de Estocolmo. Aunque la investigación la dirige la policía de Estocolmo, Wallander no puede evitar implicarse, sobre todo cuando una segunda persona desaparece en misteriosas circunstancias. Algunas pistas apuntan a grupos de extrema derecha en el seno de la Marina sueca y a la época de la Guerra Fría, en particular a la década de los ochenta, cuando varios submarinos soviéticos fueron acusados de violar territorio sueco. Wallander comprende que está a punto de desvelar un gran secreto cuyo alcance abarcaría toda la historia de Suecia tras la segunda guerra mundial. Pero una nube aún más negra asoma por el horizonte.


                     

El apocalipsis según Murakami: "El fin del Mundo y un despiadado País de las Maravillas"

Haruki Murakami nos sorprende nuevamente con una su nueva novela, El fin del Mundo y un despiadado País de las Maravillas. Historia en la que nos propone una exploración de las dos dimensiones paralelas del ser: la consciencia (un despiadado país de las maravillas) y el subconsciente (el fin del mundo). 

Esta novela es un experimento creativo apasionante con el que Murakami nos regala un momento de meditación introspectiva sobre nuestro lugar en el mundo y el sentido de nuestra vida.
 
Ya puedes adquirir El fin del Mundo y un despiadado País de las Maravillas en línea: http://sacalejugoalalectura.com/product;id,245

Sobre esta nueva novela de Murakami reproducimos aquí una nota aparecida en en el periódico El País.

El apocalipsis según Murakami*
El autor construye en El fin del Mundo y un despiadado País de las Maravillas una novela a partir de dos relatos -uno de carácter fantástico y contemporáneo y otro de carácter fabuloso y arcaico- paralelos y destinados a encontrase en el "infinito".

El puente entre la novela japonesa y la occidental lo trazó casi enteramente Mishima, que llevó a cabo en Japón una modificación parecida a la realizada en China por Lu Xun. Mishima adensó las historias al argumentarlas más y al evitar la morosidad, las divagaciones y las bifurcaciones propias de la narrativa tradicional japonesa, presentes en Kawabata y latentes en Oé, y si bien lamentaba la pérdida de raíces de Japón, él nunca se privó de escribir y vivir como un occidental.

Comparado con todos estos autores, Murakami representa una nueva encrucijada que por un lado lo acerca a Mishima, al asumir claras influencias de escritores occidentales como Kafka, Huxley, Chandler y Carver, y al apoyar sus argumentos tan sólidamente como ellos, y que por otro lado lo acerca a Kawabata en su intento de volver a convertir la novela en un amplio jardín de senderos que se bifurcan y que sólo se encuentran al final, en tiempos y espacios de aire apocalíptico y a veces tremendamente desoladores. Obviamente su narrativa no sería la misma sin esa sordina romántica y dolorosamente melancólica que le prestó Fitzgerald, tampoco sería la misma sin los mundos absurdos y sofocantes que van envolviendo la vida de sus personajes y que no dejan de ser un tributo a Kafka, y tampoco sería la misma sin la moral provisional que le prestó Chandler y la precisión en el uso de los adjetivos fundamentales que proviene de sus traducciones al japonés de los cuentos de Carver. Pero no es menos evidente que Murakami vuelve a introducir cierto gusto por la morosidad y la divagación, a ratos tremendamente cómica, que no está en Mishima pero que sí se percibe, y en grado sumo, en buena parte de la obra de Kawabata.

Nacido en Kioto en 1949, Haruki Murakami se crió en la ciudad portuaria de Kobe, que sufría una impregnación de Occidente muy superior a las ciudades del interior, y donde empezó a leer narrativa europea y americana y a fundamentar las raíces de su estilo, tan mestizo como sorprendente. Y que no se engañe el lector: la escritura de Murakami no es tan transparente como creen algunos críticos que llegan a su obra, como yo, a través de traducciones malas o buenas. Los guiños literarios son en él muy frecuentes y tiene una forma de adjetivar que quiere ser a la vez lírica y exacta, siguiendo en eso los pasos de Fitzgerald a veces, y otras veces los de Carver.

Utilizando técnicas ya empleadas en otras novelas, en El fin del Mundo y un despiadado País de las Maravillas Murakami va construyendo una novela a partir de dos narraciones paralelas y destinadas a encontrase en el "infinito". Uno de los relatos es de carácter fantástico y más o menos contemporáneo, y se desarrolla en Tokio y en sus pliegues mágicos, y el otro de carácter fabuloso y más o menos arcaico, y se desarrolla en una ciudad imaginaria en cuyas inmediaciones viven muchedumbres de unicornios. Lo fantástico y lo fabuloso no son lo mismo en Murakami, ya que lo fabuloso dobla la sensación de fantástico al introducir personajes propios de las fábulas, las leyendas y los mitos.

La lectura, al principio bastante morosa y llena de meandros, se agiliza considerablemente una vez pasado el ecuador de la novela, donde se hacen comprensibles muchos momentos que quedaron sin iluminar y donde el lector se siente arrastrado hacia dimensiones cada vez más abismales. La novela está muy bien argumentada, a pesar de su recorrido zigzagueante, y los personajes no tienen nombre y se les define por sus funciones: el joven informático, la bibliotecaria, el guardián, el sabio viejo y chiflado. El único problema de este proceder es que, al deslizar la narración hacia la fábula y los protagonistas muy definidos, los personajes tienden a parecer algo estereotipados, pero se trata de un problema endémico en las novelas que conquistan el mercado, y hasta en las que no lo conquistan, y a ningún lector le va a impedir reconocer que se halla ante una narración soberbia en la que Murakami consigue superarse a sí mismo y ser más poeta que nunca.

Invisible, la nueva novela de Paul Auster

En Club Sácale Jugo a la Lectura ya está disponible la nueva novela de Paul Auster, Invisible. Una novela en la que el autor neoyorquino se sirve de tres narradores para contar una historia que oscila entre 1967 y 2007.

Ya lo puedes adquirir en el sitio del Club: http://www.sacalejugoalalectura.com


INVISIBLE* 

En los talleres literarios una de las principales enseñanzas es modular una narración cualquiera desde distintos puntos de vista. Tomar una historia, por anodina que sea, y pasarla por el filtro de varios géneros, cambiarla de tiempo verbal y de persona son ejercicios útiles para que el escritor en ciernes aprenda las sutiles variaciones de registro que provocan. La nueva novela de Paul Auster (Newark, 1947), ‘Invisible’, tiene mucho de clase magistr
al, de manual del escritor posmoderno.

Sus narraciones superpuestas y corregidas son un brillante ejercicio de estilo y suponen una nueva apuesta metaliteraria de un autor que ha convertido las aventuras alrededor de su máquina de escribir, los equívocos y el azar, todo en su cerrado escenario neoyorquino, en mina inagotable de creatividad.

Pero si todo ello, junto a su agudo sentido literario y sus obsesiones lectoras, han dado lo mejor de la novelística austeriana, con la ‘Trilogía de Nueva York’ a la cabeza, también sus mundos metaficcionales oclusivos han provocado como resultado ejercicios de narcisismo ridículo y de pobreza de ideas palpable; así sucedía en sus dos anteriores novelas o en su decepcionante película ‘La vida interior de Martin Frost’. Parecía que la veta de Auster estaba agotada y él mismo en entrevistas y declaraciones dejaba caer cierto cansancio creativo, cierta desilusión y visualizaba una pronta retirada. Este mismo crítico recibió un irónico comentario cuando anunció que se disponía a leer la nueva novela del autor norteamericano. “Las anteriores eran bastante flojas”, fue la resignada advertencia, el ‘fait accompli’ ante un escritor prolífico que, quizá, no ha sabido medir bien los tiempos creativos. Como le sucede a Woody Allen en el cine, lo mejor y lo peor de leer una de sus novelas es saber que la siguiente ya está preparada para darse a prensa. Nuestra hiperconectada sociedad parece ansiosa de encontrar a orfebres pacientes; curiosamente los autores que siguen su epiléptico ritmo son rechazados. Asuntos de conciencia social.

Pero la nueva novela de Auster no defrauda. ‘Invisible’, por su riqueza narrativa, por el solapamiento de géneros y narradores, por su trama tan rutinaria como demencial al mismo tiempo, bien se puede convertir en una de las obras maestras tardías de un autor que parecía condenado a vivir a la sombra de su famosa trilogía, a ser el eterno guionista de ‘Smoke’, el segundón populachero de una larga lista de narradores norteamericanos que Philiph Roth está llamado a encabezar hasta su muerte. Si una está en gracia, otro estaba desgraciado; si uno es el eterno aspirante al Nobel; el otro, el jugador de béisbol que tiene el fervor de su público pero que concita animosidades entre una crítica por mostrar en carne viva los mecanismo de una prosa juglar y tramposa. Como si ser hijo de Cervantes, como él se declara, fuera delito. Se puede disculpar en Estados Unidos, ¿pero en nuestro país?

La historia arranca en un lugar conocido. Adam Walker, estudiante en la universidad de Columbia (como el autor), que tiene veinte años en 1967 (como el autor, vaya) y aspirante a poeta (ídem) conoce al inquietante mecenas francés Rudolf Born y a su entonces novia Margot. Tras una aventura con Margot y el salvaje acuchillamiento de un pobre atracador, Cedric Williams, que trataba de robarles el dinero y el reloj a Born y a Walker, se termina a un tiempo con su idea conjunta de fundar una revista literaria, con su amistad y, por ende, con el flirteo con Margot. Hasta aquí todo levemente bohemio, pero convencional y, como corresponde a cualquier obra contemporánea que aspire a vender ejemplares, en clave thriller. Es al pasar capítulo cuando nos enteramos de que lo que hemos leído es la narración que Walker ha enviado décadas después, ya enfermo, a un antiguo compañero de universidad, James Freeman, escritor famoso, para retomar su amistad y para que evalúe la calidad del escrito de cara a un futura novela llamada provisionalmente ‘1967’..

¿Cuánto de verdad hay entonces en la narración de Walker? Ninguna, o toda, o la que libremente queramos asumir como cierta. Freeman consigue que el protagonista le envíe desde su cama de moribundo la segunda parte, en la que se narra, en segunda persona a sugerencia suya, una escabrosa relación incestuosa entre Walker y su hermana Gwyn, sin ahorrarnos detalles íntimos y escatológicos. La narración se interrumpe en el momento en que el joven Walker viaja a París y con los apremios a Freeman para que se vean porque siente que su tiempo se está acabando. La tercera parte de la novela de Walker llega ya a manos del escritor tras el fallecimiento de su autor y son una serie de notas abocetadas que James Freeman reelabora en tercera persona para dotar de cuerpo a la narración. En ellas se cuenta la relación de Walker con Born en París; su amistad con su prometida, Hélène, y sobre todo con la hija de ésta, Cécile, enamorada en secreto de Walker y que, despechada por este, no le cree cuando le revela sus dudas éticas sobre el prometido de su madre y el asesinato a navajazos del joven ratero Cedric Williams en Nueva York. El libro concluye con la entrevista de Freeman con Cécile Juin y el diario que ella le entrega en que da cuenta de su visita a un crepuscular Born, pocos años antes de su muerte, en una remota isla del Caribe, un paisaje moral que parece entonces sacado de un Conrad más ligero e irónico.

Narraciones que se convierten en textos a corregir, entradas en un diario, notas de un moribundo enmendadas por otro narrador, textos que cambian de persona para elevar su tono literario, personajes que se esconden tras otros nombres con ánimo de disfrazar de mentira la verdad, aludidos que reniegan de los hechos contados. Pocas veces desde ‘Ciudad de cristal’, la escritura de Auster había sido más rica, más plena, más dispuesta al juego, al gozo y a la experimentación, pero sin cruzar nunca el umbral de lo disparatado y de esa sensación del contar por contar que tanto lastraron ‘Viajes por el Scriptorium’ y ‘Un hombre en la oscuridad’.

Poblada de sus referencias literarias habituales, Melville, Hawthorne, Flaubert, Stendhal…, y con un simpático guiño a Enrique Vila-Matas; el que falta, Miguel de Cervantes, queda implícito en la compleja estructura de la trama. Leerle es volver al manuscrito hallado, al escritor que reflexiona sobre lo que escribe y lucha por mejorarlo, a los personajes que se revuelven contra lo que se dice de ellos y niegan la mayor multiplicando las posibilidades especulares de un texto que no tiene principio ni final, pero que esta vez posee pies y cabeza, y deja el poso de querer conocer más a ese oscuro personaje, Rudolf Born, que podría ser a un tiempo espía, mecenas literario o vulgar matarife. Siempre en boca de otros, sin la posibilidad de narrar su propia historia, siempre ‘invisible’ al lector, Born esconde el lazo del último nudo gordiano de la trama que sólo quienes se adentren en la novela podrán desenredar.

Iván Alonso
*Reseña tomada de El placer de la lectura: http://www.elplacerdelalectura.com/2009/12/invisible-paul-auster.html

También puedes leer la reseña hecha por el New York Times en la siguiente liga: http://www.nytimes.com/2009/11/15/books/review/Martin-t.html?_r=1

El ojo de jade

La moderna y emprendedora Mei acaba de abrir una agencia privada de detectives en pleno corazón de Pekín. Esta mujer joven es un símbolo evidente del gran cambio cultural y económico que está viviendo China. Al volante de su Mitsubishi rojo, y con un hombre como secretario, Mei está preparada para su nuevo trabajo. Cuando un cliente le pide que encuentre un valioso jade de la dinastía Han sustraído de un museo en plena Revolución Cultural, Mei se verá obligada a profundizar en ese oscuro periodo de la historia de China. La investigación de Mei revela una trama que tiene mucha más relación con el pasado y la historia de su propia familia de lo que podría haber esperado. Esto la llevará a la trastienda de Pekín y a un secreto tan bien guardado que, desenterrarlo, amenazará con destruir lo que Mei consideraba sagrado.

Diane Wei Liang, autora de El ojo de jade novela policiaca en que refleja la China de la Revolución Cultural, nació en Pekín en 1966. Pasó su infancia en el campo de trabajo adonde su familia fue enviada por las autoridades chinas. El ardor revolucionario nació en ella con su ingreso en la universidad. Participó en las protestas estudiantiles que fueron sofocadas brutalmente en la plaza de Tiananmen en 1989, a raíz de las cuales tuvo que huir a Estados Unidos. Tras haber conseguido un doctorado en administración de empresas en la Carnegie Mellon University de Pennsylvania, actualmente es profesora universitaria de ciencias empresariales en Londres, ciudad en la que vive con su marido y sus dos hijos

                                    

Recuerda que puedes comprar en la línea el Ojo de jade y recibir esta novela hasta la puerta de tu casa: http://www.sacalejugoalalectura.com/product;id,217

Para nina, en Cuatrogatos

Cuatrogatos es un portal dedicado a los libros para niños y jóvenes en español que se realiza en Miami, en Estados Unidos. 

Este proyecto echó a andar en el año 1999 y ha contado con la colaboración de escritores, ilustradores, críticos, bibliotecarios y promotores de lectura de distintas ciudades del mundo.

 Reproducimos una reseña aparecida en este portal del libro Para nina escrito por Javier Malpica e ilustrado por Enrique Torralba.

Para Nina *
Javier Malpica
Ilustraciones de Enrique Torralba
Colección Ecos de tinta
México DF: Ediciones El Naranjo, 2009


Esta novela para jóvenes sale airosa de un reto complejo: recrear los problemas de identidad de género de un protagonista. La acción transcurre en la capital mexicana –con un capítulo introductorio ubicado en a mediados de los años 1980 y el grueso de la trama una década más tarde– y está enfocada en las interioridades de una familia de nuestros días. Nina, la abuela, les habla a sus nietos Eduardo y Claudia de aventuras y amores que solo existieron en su imaginación. Frida, la madre, pareciera más enfocada en su vida sentimental que en entender a sus hijos y apoyarlos en su tránsito al mundo de la adultez. Eduardo alberga en un cuerpo masculino una mente y una sensibilidad femeninas, mientras Claudia se reconoce de manera menos conflictiva como lesbiana. El trío de personajes juveniles se complementa con Santiago, un condiscípulo de Eduardo que, a pesar de la fortaleza de su cuerpo y de sus puños, es gay y se siente inclinado al travestismo.

Las aventuras y desventuras del estudiante y portero de fútbol Eduardo (y su proceso de aceptarse y de ser aceptado socialmente comoVictoria Citlali Dorina de la Concepción) se relatan en primera persona a través de un diario entre humorístico y dramático, con pinceladas irónicas y convincentes referencias a la música, la moda y las celebridades del período en que se desarrolla la historia. Aunque no falta algún episodio que fustiga el machismo y la violencia por prejuicios sexuales, los problemas de Victoria nunca se exponen desde una perspectiva que haga énfasis en lo social, sino como dramas humanos que colocan al personaje ante retos que debe sortear con ingenio y voluntad, en aras de la fidelidad a sí misma.

Los personajes juveniles de esta narración rebosante de humanismo no son freaksni "distintos", simplemente tienen sus propias preferencias e inclinaciones y el valor para no traicionarlas. Uno de los aciertos del libro es presentar a Eduardo y Santiago como parte de una comunidad que lucha –de variadas formas– por su derecho a un espacio, a la visibilidad y al respeto de los otros.

Al texto podría reprochársele que no nos permita conocer con un poco más de profundidad a Claudia y también que los capítulos finales avancen a un ritmo un tanto precipitado, brindando una imagen un tanto romántica del complejo proceso que implica el cambio de género. Sin embargo, Javier Malpica (Ciudad de México, 1965) logra crear personajes multimensionales, verosímiles, que se proyectan con calidez a lo largo del relato, y episodios tan divertidos y reveladores como la almodovariana fiesta travesti.

Las hermosas ilustraciones a plumilla de Enrique Torralba, más que recrear el texto al pie la letra, proponen imágenes que comentan los conflictos y las emociones de sus personajes desde una perspectiva simbólica y parabólica, en la que hay cabida para la ternura y el humor.

El subtítulo "Un diario sobre la identidad sexual", que aparece en la cubierta del libro, siembra la duda su carácter artístico, al asociar la obra con una función instrumental o utilitaria que dista mucho de ser su prioridad. Este no es un relato para ser leído solo por adolescentes con conflictos de identidad sexual, sino por un público amplio y variado. Sería recomendable que para su reedición, El Naranjo considerara la posibilidad de prescindir de ese elemento. Para Nina es una obra valiosa, una apuesta literaria inteligente y oportuna, para la que debe buscarse un universo de lectores lo más diverso posible y no restringirlo con fórmulas (involuntariamente) excluyentes.

Javier Gómez

*Fuente: http://www.cuatrogatos.org/ojoavizorparanina.html

Pessoa en palabras de Jesús Silva-Herzog

El académico y ensayista Jesús Silva Herzog Márquez, nieto del historiador Jesús Silva Herzog, escribe en su blog personal una nota muy interesnte y breve sobre Fernando Pessoa.


Pessoa o la tiranía del contorno*

Fernando Pessoa fue un nómada de sí mismo. Miró con ojos ajenos, sintió con piel extraña, caminó con otros músculos, los de sus heterónimos. En su autobiografía sin hechos apuntó memorablemente que vivir era ser otro. Para existir había que deshacerse diariamente del muerto que arrastramos de la jornada previa. “Sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir—es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue vida perdida.” Despertar para borrar el día precedente y sentir la emoción fresca de la primera madrugada. Sediento de vivir completo, Pessoa se zambulló en sus ecos y en sus abismos para escapar de su perímetro.

Pessoa rompe el encierro del yo en sus heterónimos: Álvaro de Campos el ingeniero moderno y desencantado, Ricardo Reis el latinista conservador y monárquico, Alberto Caeiro, el poeta filósofo. El poeta se desdobla, se multiplica. Afirma y niega, divaga y preconiza. Si dios no tiene unidad, ¿por qué la tendría yo?, pregunta. Acatar el cerco de la epidermis es sucumbir. Ni atarse ni pertenecer: “Credo, ideal, mujer o profesión—todo significa la celda y las esposas. Ser es estar libre.” Libre de los otros, pero sobre todo, libre de sí. Libre de recuerdos, de prejuicios, de opiniones. Quien tiene opiniones se ha vendido. Pero no es sólo la envoltura de su yo la que lo oprime y la que pretende disolver. Lo ofenden el símbolo, el juicio, la definición: todas las cercas de cosas o almas. La verdad es para él sensación sin conceptos. Las ideas traicionan siempre la naturaleza:

No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente no ser ciego para ver los árboles y las flores.
También es necesario no tener ninguna filosofía.
Con filosofía no hay árboles: sólo ideas.

Las cosas no significan: existen. Tratar de imponerles sentido es dejar de olerlas, tocarlas. Si el espejo no miente es porque no teoriza, ve y punto. Su exactitud es la precisión del analfabeta; la justicia del ojo mudo. Lo dice su maestro Caeiro: quien piensa está enfermo de los ojos. Mira con doctos tapaojos. Deserta así a un mundo que no está hecho para ser pensado sino para ser visto. Por eso sabe que la realidad no se palpa con las manos, no se descubre con neuronas y nunca se pesca con teorías. Para sentir hay que estar distraído, olvidarse de todos y dejarse cazar por la sensación. No es el cerebro confinado en el cráneo sino la espalda abierta y desnuda la que encuentra la verdad del mundo. Tenderse en la hierba, cerrar los ojos y sentir la realidad. El pensamiento será una traición de la mirada, una deserción del sueño.

¡Pasa, ave, pasa y enséñame a pasar!

Anagrama celebra sus 40 años

Luego de 40 años Anagrama celebra su aniversario con una lista de tres mil títulos, y con mucha fuerza para continuar adelante. 


GUADALAJARA, JALISCO.- El fundador y director español Jorge Herralde celebró los 40 años de vida de la Editorial independiente Anagrama, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Una serie de elogios y agradecimientos fueron vertidos a Herralde por su trabajo al frente de la editorial, quien dijo que quien los merece son los escritores del catálogo de la editorial, los “protagonistas”, como les llamó: “Nosotros los editores simplemente somos el barquero que transporta la literatura de la playa de la escritura a la playa de la lectura”.

Dos de los escritores invitados al acto de celebración del aniversario, Sandra Lorenzano y Juan Villoro, coincidieron en comentar que la editorial ha sido sello de la contracultura, y ha logrado ser reconocida: “Si lo publicó Herralde (Editoial Anagrama), debe ser bueno”, aseveró Sandra.

Con colecciones destacadas como “Panorama de narrativas” y “Narrativas hispánicas”, y más de tres mil títulos en su haber, Anagrama comienza su vida al cumplir 40 años, ha dicho Villoro haciendo referencia al dicho.

Los periodistas Jon Lee Anderson y Richard Ford, también presentes en el evento, agradecieron a Herralde la publicación de sus libros bajo la editorial Anagrama, y se congratularon por su aniversario. Lee Anderson destacó la libertad de expresión que ha defendido la editorial.*


Reproducimos una breve entrevista hecha por un periódico Jalisciencse a Jorge Herralde.

¿La famosa crisis de los 40 también se aplica en el caso de Anagrama?
¿Crisis? Al contrario. Acabamos de sacar nueva colección, “Otra vuelta de tuerca”, la niña de mis ojos. Tengo 40 títulos para ella. Aquí rescato excelente novelas o memorias que salieron en los setenta u ochenta y que quedaron en nebulosa porque no se editaron en bolsillo.

Y ¿cómo afecta la crisis económica actual al sector editorial?

La crisis actual afecta al sector como en todo, pero la hipótesis optimista es que el libro tiene un valor de refugio, los libros no son caros pese a la eterna cantinela, ya que hay una oferta muy buena en libros de bolsillo, con títulos fantásticos y muy bien editados. Además, el auténtico lector necesita leer y es más barato comprarse un libro que ir a otras cosas placenteras como un concierto de rock o un partido de futbol. En tiempos de crisis, la hipótesis optimista es que los libros no sufren tanto.

¿A cuántos autores desconocidos ha hecho famosos Anagrama?

Hemos contribuido a la consolidación de muchos escritores que cuando empezaron en Anagrama eran primerizos y luego se han convertido en figuras indiscutibles, como Álvaro Pombo, Javier Marías o Rafael Chirbes. En los últimos años, lo que hemos publicado más son obras de autores latinoamericanos, de las que desde hace cinco o seis años hacemos dos ediciones simultáneas, una para su país y otra para España.

Si ahora comenzara desde cero con Anagrama, ¿qué cambiaría?

Seguiría con la misma búsqueda: la calidad.

¿De qué acierto se siente más orgulloso?

De muchos, por ejemplo, la “Biblioteca Nobokov”.

¿Qué error no volvería a cometer jamás?

Bertolt Brecht: “Estoy trabajando duramente para cometer mi próximo error”.

Con 75 novedades al año, más otros 40 títulos en bolsillo, Jorge Herralde ve con tranquilidad a Anagrama. Asegura que “sólo me jubilará la biología y de momento no está por la labor”. En cualquier caso, el sello no morirá con él, porque “en la editorial hay un excelente equipo”.**


"El mundo desde mi cometa" en preescolar

Juana Cruz es una educadora comprometida con el más hermoso de los trabajos: enseñar las primeras letras. Ella ha tomado la puerta de la poesía y los cuentos y ha obtenido resultados sorprendentes con sus niños de 4 y 5 años de edad.

En esta ocasión, Juana ha elegido el libro El mundo desde mi cometa, de Fernando Lasheras, con ilustraciones de Miguel A. Pérez Arteaga (Ediciones El Naranjo) para presentarlo ante los niños como un regalo.



Hoy por la tarde, a pesar de los fuertes vientos que amenazaban elevarnos por los aires como una hoja de papel nos encontramos en la Biblioteca Pública Ignacio Manuel Altamirano, de Tequisquiapan, Qro., mientras ella descubría este hermoso y original libro.*